JOSE LUIS LOPEZ ARANGUREN
(1909-1996)
“El intelectual debe ser la voz
de los que no tienen voz.”
José Luis López Aranguren.
LA VOZ DEL MAESTRO DE LA TOLERANCIA
El frágil cuerpo de Aranguren albergaba una mente llena de energía intelectual, profunda curiosidad por el hombre y el mundo y tanta piedad como respeto por el prójimo. Era lo que se llama un hombre bueno. Se fue como había vivido, con esa discreción y esa modestia que nunca le impidieron ser un valiente del pensamiento y un maestro de la tolerancia.
Este firme luchador contra el régimen franquista, que le expulsó de su cátedra universitaria, nos ha dejado como legado una larga lista de publicaciones que han sido consideradas básicas para distintas generaciones. Pero sobre todo, Aranguren fue para muchos de nosotros el vivo ejemplo de que es posible otra universidad, otra enseñanza y otra dignidad docente.
José Luis López Aranguren nació en Ávila el 9 de junio de 1909. Sus primeros estudios lo realizó en un internado de jesuitas de Madrid. En la Universidad estudió Derecho. Pero tras terminar sus estudios de Abogado, estudió la de Filosofía, carrera por la que sentía mayor inclinación. En ésta última carrera tuvo como profesores a Ortega y Gasset y Zubiri, entre otros, y se doctoró con la tesis El protestantismo moral.
De 1955 a 1965, tras ganar unas oposiciones, fue profesor de Etica y Sociología en la Universidad Complutense de Madrid. Separado de su cátedra en 1965 -junto a Agustín García Calvo y Enrique Tierno Galván- por participar en una manifestación estudiantil, se marchó a Estados Unidos, en donde ejerció la docencia en la Universidad de California. En 1976 fue repuesto en su cátedra madrileña con todos los derechos, y cuatro años más tarde, en marzo de 1980, se jubiló como profesor universitario.
Aranguren está considerado como uno de los pensadores e intelectuales más influyentes en el panorama filosófico y cultural de España. En sus estudios filosóficos y religiosos hay un profundo análisis de pensadores españoles (Unamuno, Ortega), reflejado en muchas de sus obras como: Catolicismo y protestantismo como formas de existencia, Crítica y meditación, La ética de Ortega. En otras obras suyas más recientes su atención está más volcada hacia cuestiones sociales y políticas, aunque siempre impregnadas de un claro talante ético y reflexivo: Etica y Política, La juventud europea y otros ensayos, Moral y sociedad, El oficio del intelectual y la crítica de la crítica; La democracia establecida, recopilación de varios de sus artículos publicados durante la transición en España, Etica de la felicidad y otros lenguajes, obra con la que ganó el Premio Nacional de Ensayos en 1989.
En 1992 -formó parte del consejo asesor de Sanidad que depende del Ministerio de Sanidad- publicó Ávila de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz y reunió en un volumen titulado Estudios literarios todos los trabajos publicados sobre autores diversos.
Tanto en el campo de las creencias religiosas como en todos los campos filosóficos, morales o políticos, el pensamiento de Aranguren se ha caracterizado por su heterodoxia e inconformismo. Heredero de una tradición de participación de la vida pública encarnada por los ilustrados, los regeneracionistas Unamuno, Ortega y Aranguren, pensaban que la influencia intelectual ya no la ejercían concretas individualidades, sino un “intelectual colectivo” que participa en los medios de comunicación.
José Luis López Aranguren falleció en Madrid el 17 de abril de 1996. A él le debemos páginas de comprensión literaria para el patriotismo de los escritores exiliados, para la poesía hispanoamericana, para los poetas españoles de obra difícilmente clasificable. Le debemos, tanto en su cátedra como en sus libros, el ejemplo de una fidelidad a la inteligencia y a la palabra justa, a su talante tolerante -la expresión “talante” por él acuñada es ya de tópica circulación-, la presencia de un escritor que no nos deslumbra con las genialidades, sino que nos acompaña y nos enseña con la voz de la tolerancia y de la fraternidad. Le gustaba hablar de talante y supo cultivar el suyo hasta hacerlo ejemplar. Supo unir la ética a la estética, como le recordó José María Valverde cuando fue tras él en la protesta y el exilio. El suyo fue un talante valiente y atrevido. Maestro de pensadores, guía y fuente de inspiración ética y humana de la España contemporánea. El faro moral e intelectual de José Luis López Aranguren no se apagó con su desaparición. La semilla de su ejemplo sigue creciendo y dando fruto.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
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Gracias.
domingo, 13 de enero de 2008
sábado, 12 de enero de 2008
GREGORIO MARTINEZ SIERRA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
GREGORIO MARTINEZ SIERRA
(1881-1947)
“Gregorio: nada al cantor determina
como el gentil estímulo del beso;
gloria al sabor de la boca divina.
¡La mejor musa es la de carne y hueso!
Rubén Darío.
LA VOZ DE LA FIRMA MARTINEZ SIERRA
Gregorio Martínez Sierra, con la colaboración no declarada de su esposa María de la O Lejárraga, ha producido muchas obras rebosantes de ternura optimista. A Martínez Sierra le dedicó el maestro Rubén Darío su bellísima Balada en honor de las musas de carne y hueso.
Hoy los libros de historia de la literatura recuerdan a Gregorio Martínez Sierra como una figura decisiva para entender la génesis del modernismo español, por su infatigable labor al frente de revistas de primer orden como Vida Moderna, Helios, o Renacimiento y también por su dedicación a empresas editoriales que marcaron toda una época, como Renacimiento y La Estrella; pero a la vez hay que resaltar que fue uno de los directores teatrales más innovadores del momento y un introductor constante de las novedades escénicas europeas. Es calificado por Sainz de Robles como “el mejor director artístico que ha contado el teatro español”. “Mi marido -escribía María de la O Lejárraga-, mientras yo emborronaba cuartillas con lirismos vendidos se ocupaba de fundar y organizar la primera de sus empresas editoriales”.
Gregorio Martínez Sierra nace en Madrid. en 1881. Fue director del teatro Eslava de Madrid, desde 1917 hasta 1925. Desde 1931 Gregorio Martínez Sierra reside en Estados Unidos y Argentina, donde dirige la sección hispánica de la producción Fox. Muere en Madrid el 30 de septiembre de 1947.
Gregorio comienza publicando versos modernistas Flores de escarcha y Horas de sol. La obra literaria de María Lejárraga, bajo el nombre de Gregorio Martínez Sierra, es copiosa, tanto en el campo de la novelística como en el de la dramaturgia. Su novela Tú eres la Paz, publicada en Barcelona en 1909, constituyó un best-seller. En 1919 la novela fue adaptada para la escena con el nombre de Madrigal. Tú eres la paz forma parte del trío de novelas largas de la firma Martínez Sierra, con La humilde verdad (1904) y El amor catedrático (1910). La primera obra que lograron llevar a un escenario, en 1907, fue Vida y dulzura, escrita en colaboración con Santiago Rusiñol. En 1908, con éxito moderado, se estrenó Juventud, divino tesoro y un año después La sombra del padre. El primer éxito importante llega con El ama de la casa en 1910. Poesía de lo cotidiano, plagada de sentimentalismo, de ingenuo idealismo a veces, de optimismo y entusiasmo ante la vida, de moralina templada que preconiza reformas poco dramáticas, formuladas siempre con suma moderación, de los sistemas sociales anticuados con el fin de aliviar la situación de los desheredados y en especial de la mujer. La fórmula, con ligeras variantes, puesto que aquí las protagonistas son monjas de clausura, se asienta definitivamente con el éxito más emblemático de la firma Martínez Sierra, Canción de cuna, fábula de una niña abandonada en el torno de un convento que viene a ser hija de la comunidad que la ampara, hasta su matrimonio. Fue estrenada en el teatro Lara el 21 de febrero de 1911 y recibida por la crítica como “obra modernísima”, que “tiene como principal mérito el rarísimo de la originalidad”, verdadero “teatro de arte, de poesía, de emoción”. También fueron éxitos: Amanecer, El arte de amar, La adúltera, Sueños de una noche de agosto, El corazón ciego, Rosina es frágil, Cada uno y su vida, Mujer, Mamá, Para hacerse amar locamente, Madame Pepita, Don Juan de España, La torre de marfil y Triángulo. Al lado de estos títulos de piezas puramente teatrales hay que destacar los libretos que, en colaboración con los principales músicos del momento, dieron lugar a piezas escénicas tan memorables como El amor brujo y El corregidor y la molinera, de Falla; Las golondrinas, de Usandizaga o Navidad, de Turina.
Manuel de Falla fue un gran amigo de María Lejárraga. Aceptó el humor de María de buen grado, quien le llamaba en andaluz Don Manué o Mi don Manué, y al genial músico le debía hacer tanta gracia como para firmarse él en sus cartas a María, D. Manué y alguna vez añadió (“er de las músicas”). En las cartas de la primera parte del año 1915, hay constantes referencias a la composición de El amor brujo. Los originales del libreto de El amor brujo están manuscritos de puño y letra de la escritora.
María de la O Léjarraga al proclamarse la Segunda República, el 14 de abril de 1931, se incorpora al campo de la política. Con su acta de diputada por Granada, el 19 de noviembre de 1933, María iba a dar salida a sus más ardientes inquietudes: llevar la cultura al pueblo, la asistencia sanitaria y reivindicar para la mujer a todos los niveles el papel relevante que le correspondía. Esta vez se trataba de hacer propaganda electoral: “Acaso hubo en mi madurez un momento en que sentí cansancio en tarea habitual. Y para ahogar tu voz, que me mandaba seguir escribiendo, me lancé a hablar”. Está hablando a su conciencia, pero en realidad en su subconsciente se dirige a Gregorio Martínez Sierra, con el que siempre dialogó a pesar de su separación y lejanía. Horas serenas, titula María, sus memorias vividas junto a Gregorio, que finalmente las tituló el editor Gregorio y yo, y que son un canto a la memoria de su “amado esposo”, a quien jamás descalificó. Y como dijo la voz de la firma Martínez Sierra: “Acaso ellas lo lean en un día / de más honda tristeza, / y suspirando agradeciéndotelo, / perfilen una flor para el poeta”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
¡Necesitamos vivir en paz!
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(1881-1947)
“Gregorio: nada al cantor determina
como el gentil estímulo del beso;
gloria al sabor de la boca divina.
¡La mejor musa es la de carne y hueso!
Rubén Darío.
LA VOZ DE LA FIRMA MARTINEZ SIERRA
Gregorio Martínez Sierra, con la colaboración no declarada de su esposa María de la O Lejárraga, ha producido muchas obras rebosantes de ternura optimista. A Martínez Sierra le dedicó el maestro Rubén Darío su bellísima Balada en honor de las musas de carne y hueso.
Hoy los libros de historia de la literatura recuerdan a Gregorio Martínez Sierra como una figura decisiva para entender la génesis del modernismo español, por su infatigable labor al frente de revistas de primer orden como Vida Moderna, Helios, o Renacimiento y también por su dedicación a empresas editoriales que marcaron toda una época, como Renacimiento y La Estrella; pero a la vez hay que resaltar que fue uno de los directores teatrales más innovadores del momento y un introductor constante de las novedades escénicas europeas. Es calificado por Sainz de Robles como “el mejor director artístico que ha contado el teatro español”. “Mi marido -escribía María de la O Lejárraga-, mientras yo emborronaba cuartillas con lirismos vendidos se ocupaba de fundar y organizar la primera de sus empresas editoriales”.
Gregorio Martínez Sierra nace en Madrid. en 1881. Fue director del teatro Eslava de Madrid, desde 1917 hasta 1925. Desde 1931 Gregorio Martínez Sierra reside en Estados Unidos y Argentina, donde dirige la sección hispánica de la producción Fox. Muere en Madrid el 30 de septiembre de 1947.
Gregorio comienza publicando versos modernistas Flores de escarcha y Horas de sol. La obra literaria de María Lejárraga, bajo el nombre de Gregorio Martínez Sierra, es copiosa, tanto en el campo de la novelística como en el de la dramaturgia. Su novela Tú eres la Paz, publicada en Barcelona en 1909, constituyó un best-seller. En 1919 la novela fue adaptada para la escena con el nombre de Madrigal. Tú eres la paz forma parte del trío de novelas largas de la firma Martínez Sierra, con La humilde verdad (1904) y El amor catedrático (1910). La primera obra que lograron llevar a un escenario, en 1907, fue Vida y dulzura, escrita en colaboración con Santiago Rusiñol. En 1908, con éxito moderado, se estrenó Juventud, divino tesoro y un año después La sombra del padre. El primer éxito importante llega con El ama de la casa en 1910. Poesía de lo cotidiano, plagada de sentimentalismo, de ingenuo idealismo a veces, de optimismo y entusiasmo ante la vida, de moralina templada que preconiza reformas poco dramáticas, formuladas siempre con suma moderación, de los sistemas sociales anticuados con el fin de aliviar la situación de los desheredados y en especial de la mujer. La fórmula, con ligeras variantes, puesto que aquí las protagonistas son monjas de clausura, se asienta definitivamente con el éxito más emblemático de la firma Martínez Sierra, Canción de cuna, fábula de una niña abandonada en el torno de un convento que viene a ser hija de la comunidad que la ampara, hasta su matrimonio. Fue estrenada en el teatro Lara el 21 de febrero de 1911 y recibida por la crítica como “obra modernísima”, que “tiene como principal mérito el rarísimo de la originalidad”, verdadero “teatro de arte, de poesía, de emoción”. También fueron éxitos: Amanecer, El arte de amar, La adúltera, Sueños de una noche de agosto, El corazón ciego, Rosina es frágil, Cada uno y su vida, Mujer, Mamá, Para hacerse amar locamente, Madame Pepita, Don Juan de España, La torre de marfil y Triángulo. Al lado de estos títulos de piezas puramente teatrales hay que destacar los libretos que, en colaboración con los principales músicos del momento, dieron lugar a piezas escénicas tan memorables como El amor brujo y El corregidor y la molinera, de Falla; Las golondrinas, de Usandizaga o Navidad, de Turina.
Manuel de Falla fue un gran amigo de María Lejárraga. Aceptó el humor de María de buen grado, quien le llamaba en andaluz Don Manué o Mi don Manué, y al genial músico le debía hacer tanta gracia como para firmarse él en sus cartas a María, D. Manué y alguna vez añadió (“er de las músicas”). En las cartas de la primera parte del año 1915, hay constantes referencias a la composición de El amor brujo. Los originales del libreto de El amor brujo están manuscritos de puño y letra de la escritora.
María de la O Léjarraga al proclamarse la Segunda República, el 14 de abril de 1931, se incorpora al campo de la política. Con su acta de diputada por Granada, el 19 de noviembre de 1933, María iba a dar salida a sus más ardientes inquietudes: llevar la cultura al pueblo, la asistencia sanitaria y reivindicar para la mujer a todos los niveles el papel relevante que le correspondía. Esta vez se trataba de hacer propaganda electoral: “Acaso hubo en mi madurez un momento en que sentí cansancio en tarea habitual. Y para ahogar tu voz, que me mandaba seguir escribiendo, me lancé a hablar”. Está hablando a su conciencia, pero en realidad en su subconsciente se dirige a Gregorio Martínez Sierra, con el que siempre dialogó a pesar de su separación y lejanía. Horas serenas, titula María, sus memorias vividas junto a Gregorio, que finalmente las tituló el editor Gregorio y yo, y que son un canto a la memoria de su “amado esposo”, a quien jamás descalificó. Y como dijo la voz de la firma Martínez Sierra: “Acaso ellas lo lean en un día / de más honda tristeza, / y suspirando agradeciéndotelo, / perfilen una flor para el poeta”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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BEETHOVEN POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
LUDWIG VAN BEETHOVEN
(1770-1827)
“En la música de Beethoven los silencios
son relampagueantes. Sus impetuosas oberturas
iluminan a ráfagas las más hondas simas del silencio.”
José Bergamín.
LA VOZ DEL GENIAL SORDO
Ludwig van Beethoven, el dios de la música, como le llaman algunos de sus biógrafos, nació en Boon en la fría de mañana del 16 de diciembre del año 1770. Por estas fechas, Mozart tenía catorce años, Goethe veintiuno, Goya veinticuatro y Napoleón acababa de nacer.
Hijo de un músico humilde, bohemio y bebedor, que, impresionado por las dotes extraordinarias que ve en el niño, trata de llevarle a una carrera parecida a la de Mozart. Efectivamente, a los ocho años da un concierto en Colonia y actúa en Holanda. La formación de Beethoven es desordenada hasta que Neefe le pone en contacto con las obras de Bach y Hándel. A los doce años es ya un asombroso intérprete de piano, órgano y viola. A los trece años de edad, ha compuesto tres sonatas y el Septiminio.
A los diecisiete, es recibido por Mozart, cuyo genio admira. El ya consagrado músico se asombra de las facultades de Beethoven. Este abandona precipitadamente Viena, donde se halla Mozart, y llega a Bonn para asistir a los últimos momentos de su madre.
Vuelve a la capital austríaca (1792) y recibe clases de Haydn, Salieri y Albrechtsberger, y se centra en las tareas de compositor. Empieza a sufrir los primeros trastornos de la sordera (1796), que será total a partir de 1819. Tiene éxito en los salones, donde se presenta independiente, sin ataduras serviles. Se impone en el congreso de Viena, aunque el verdadero ídolo sea Rossini, representante del italianismo. Su vida amorosa es una cadena de desengaños sentimentales que sufre con ejemplar limpieza. Su encuentro con Goethe, al que admiraba, fue un fracaso y demostró la dificultad de trato con el gran músico. Llega para Beethoven el éxito con La batalla de Vitoria (1813), que el público aclama con más fuerza que a la Séptima sinfonía. El estreno de la Misa solemne y la Novena Sinfonía, en 1824, marcan el momento culminante de su carrera artística. Beethoven de espaldas al público, no oyó el estruendo de sus aplausos; alguien tuvo que hacerle mirar al público, ante el que se desvaneció el ya enfermo maestro. Vive una larga etapa de soledad, turbada por las atrocidades neuróticas de su sobrino. Poco antes de su muerte, recibe la visita de Schubert. Pobre y enfermo también, enseña al maestro algunos lieder que descubren el gran genio escondido tras aquel rostro joven y enfermizo. Beethoven lee aquella música y exclama: “En Schubert hay una llama divina”.
Irascible, misántropo, totalmente sordo, muy enfermo, acabó sus días, el 26 de marzo del año 1927, cuando una fuerte tempestad de nieve azotaba toda Viena. Según el diagnóstico médico, Beethoven murió de una cirrosis de hígado. En sus exequias, se ejecuta, ante treinta mil personas, el Requiem de Mozart. Dieron sepultura a su cuerpo en el antiguo cementerio de Wöhring, pero en 1888, sus cenizas fueron trasladadas al Cementerio Central de Viena.
Schubert acompañó con tristeza al maestro que había sido para él un dios sobre la tierra. Al regresar del cementerio, entró con varios amigos en una taberna. Cuando les sirvieron de beber, alzó el vaso para brindar y dijo: “Por el que le siga primero”. El destino habló por su boca. El mismo Schubert fue pronto el elegido.
Resulta difícil encerrar la obra de Beethoven en los moldes aplicables a otros compositores. Sus nueve sinfonías, en escala secuencia de seguidor de los clásicos Haydn y Mozart, para terminar en la creación de la revolucionaria Novena sinfonía, patentizan el esfuerzo de un músico sumamente inspirado y muy exigente consigo mismo. En la ópera; Fidelio, Egmont y Coroliano, marcan las nobles incursiones del maestro en un género apenas cultivado por él y al que, sin embargo, enriqueció con su inspiración libre y moderna. Cincos conciertos para piano y orquesta y uno para violín y orquesta forman el brillante conjunto que todos los aficionados conocen. Las diez sonatas para violín y piano han sido rebautizadas por la posteridad evidenciando así la veneración de la generaciones posteriores: Aurora, Apassionata, Claro de Luna, Primavera, A Kreutzer, etc., señalan otros tantos intentos de atribuir a su composición un significado humano, enlazado con circunstancias biográficas del maestro. La Misa solemne, homenaje a su gran protector el archiduque Rudolph, al ser éste nombrado arzobispo de Olmütz, es la obra más lograda de la producción beethoviana.
Beethoven es la madurez del clasicismo vienés y la aurora del romanticismo europeo. Beethoven como Goethe y Goya, no es hijo de una época, sino creador de ella. Es el más importante de los músicos de todos los tiempos, el fundador de la nueva modernidad. “Para nosotros -escribía Litz-, los músicos, la obra de Beethoven es como la columna de humo y de fuego que guiaba a los israelitas en su marcha a través del desierto. Columna de humo para guiarnos de día, columna de fuego para guiarnos de noche. Su oscuridad y su luz nos indican igualmente el sendero que debemos seguir; una y otra son un perfecto mandamiento y una infalible revelación”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Paz, queramos paz.
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(1770-1827)
“En la música de Beethoven los silencios
son relampagueantes. Sus impetuosas oberturas
iluminan a ráfagas las más hondas simas del silencio.”
José Bergamín.
LA VOZ DEL GENIAL SORDO
Ludwig van Beethoven, el dios de la música, como le llaman algunos de sus biógrafos, nació en Boon en la fría de mañana del 16 de diciembre del año 1770. Por estas fechas, Mozart tenía catorce años, Goethe veintiuno, Goya veinticuatro y Napoleón acababa de nacer.
Hijo de un músico humilde, bohemio y bebedor, que, impresionado por las dotes extraordinarias que ve en el niño, trata de llevarle a una carrera parecida a la de Mozart. Efectivamente, a los ocho años da un concierto en Colonia y actúa en Holanda. La formación de Beethoven es desordenada hasta que Neefe le pone en contacto con las obras de Bach y Hándel. A los doce años es ya un asombroso intérprete de piano, órgano y viola. A los trece años de edad, ha compuesto tres sonatas y el Septiminio.
A los diecisiete, es recibido por Mozart, cuyo genio admira. El ya consagrado músico se asombra de las facultades de Beethoven. Este abandona precipitadamente Viena, donde se halla Mozart, y llega a Bonn para asistir a los últimos momentos de su madre.
Vuelve a la capital austríaca (1792) y recibe clases de Haydn, Salieri y Albrechtsberger, y se centra en las tareas de compositor. Empieza a sufrir los primeros trastornos de la sordera (1796), que será total a partir de 1819. Tiene éxito en los salones, donde se presenta independiente, sin ataduras serviles. Se impone en el congreso de Viena, aunque el verdadero ídolo sea Rossini, representante del italianismo. Su vida amorosa es una cadena de desengaños sentimentales que sufre con ejemplar limpieza. Su encuentro con Goethe, al que admiraba, fue un fracaso y demostró la dificultad de trato con el gran músico. Llega para Beethoven el éxito con La batalla de Vitoria (1813), que el público aclama con más fuerza que a la Séptima sinfonía. El estreno de la Misa solemne y la Novena Sinfonía, en 1824, marcan el momento culminante de su carrera artística. Beethoven de espaldas al público, no oyó el estruendo de sus aplausos; alguien tuvo que hacerle mirar al público, ante el que se desvaneció el ya enfermo maestro. Vive una larga etapa de soledad, turbada por las atrocidades neuróticas de su sobrino. Poco antes de su muerte, recibe la visita de Schubert. Pobre y enfermo también, enseña al maestro algunos lieder que descubren el gran genio escondido tras aquel rostro joven y enfermizo. Beethoven lee aquella música y exclama: “En Schubert hay una llama divina”.
Irascible, misántropo, totalmente sordo, muy enfermo, acabó sus días, el 26 de marzo del año 1927, cuando una fuerte tempestad de nieve azotaba toda Viena. Según el diagnóstico médico, Beethoven murió de una cirrosis de hígado. En sus exequias, se ejecuta, ante treinta mil personas, el Requiem de Mozart. Dieron sepultura a su cuerpo en el antiguo cementerio de Wöhring, pero en 1888, sus cenizas fueron trasladadas al Cementerio Central de Viena.
Schubert acompañó con tristeza al maestro que había sido para él un dios sobre la tierra. Al regresar del cementerio, entró con varios amigos en una taberna. Cuando les sirvieron de beber, alzó el vaso para brindar y dijo: “Por el que le siga primero”. El destino habló por su boca. El mismo Schubert fue pronto el elegido.
Resulta difícil encerrar la obra de Beethoven en los moldes aplicables a otros compositores. Sus nueve sinfonías, en escala secuencia de seguidor de los clásicos Haydn y Mozart, para terminar en la creación de la revolucionaria Novena sinfonía, patentizan el esfuerzo de un músico sumamente inspirado y muy exigente consigo mismo. En la ópera; Fidelio, Egmont y Coroliano, marcan las nobles incursiones del maestro en un género apenas cultivado por él y al que, sin embargo, enriqueció con su inspiración libre y moderna. Cincos conciertos para piano y orquesta y uno para violín y orquesta forman el brillante conjunto que todos los aficionados conocen. Las diez sonatas para violín y piano han sido rebautizadas por la posteridad evidenciando así la veneración de la generaciones posteriores: Aurora, Apassionata, Claro de Luna, Primavera, A Kreutzer, etc., señalan otros tantos intentos de atribuir a su composición un significado humano, enlazado con circunstancias biográficas del maestro. La Misa solemne, homenaje a su gran protector el archiduque Rudolph, al ser éste nombrado arzobispo de Olmütz, es la obra más lograda de la producción beethoviana.
Beethoven es la madurez del clasicismo vienés y la aurora del romanticismo europeo. Beethoven como Goethe y Goya, no es hijo de una época, sino creador de ella. Es el más importante de los músicos de todos los tiempos, el fundador de la nueva modernidad. “Para nosotros -escribía Litz-, los músicos, la obra de Beethoven es como la columna de humo y de fuego que guiaba a los israelitas en su marcha a través del desierto. Columna de humo para guiarnos de día, columna de fuego para guiarnos de noche. Su oscuridad y su luz nos indican igualmente el sendero que debemos seguir; una y otra son un perfecto mandamiento y una infalible revelación”.
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PAUL ELUARD POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
PAUL ELUARD (1895-1952)
“Hay palabras que hacen vivir
y son palabras inocentes
La palabra calor la palabra confianza
Amor justicia y la palabra libertad.”
Paul Eluard.
LA VOZ DEL SOLDADO DE LA PAZ
En su admirable prologuillo a la Primera antología de la poesía del pasado, que nos dejó Paul Eluard, poco antes de morir, casi como un testamento poético, nos habla de la poesía como de “un lenguaje universal de la inocencia y de la razón desmesurada que es el del hombre a quien repugna el prosaísmo”.
No hay en los tiempos modernos, un poeta más grande que Paul Eluard, porque nadie mejor que él, ha mostrado como la poesía alcanza su grandeza total ayudando a los hombres a transformar el mundo, convirtiéndose, para acabar con el mal, en un agente decidido de la bondad sobre la tierra. “Su poesía –decía Pablo Neruda- era cristal de piedra, agua inmovilizada en su constante corriente”. Y añadía el gran poeta chileno: “El sostenía con su columna azul las fuerzas de la paz y la alegría. El ha muerto con sus manos floridas, soldado de la paz, poeta de su pueblo”.
Paul Eluard nace en Saint-Denis el 14 de diciembre de 1895. En Saint-Denis y luego en Aulnay-Bois y París pasaría sus primeros años. A los dieciséis años tiene que abandonar París para marchar a Suiza. Está enfermo y tiene que curarse en la montaña. Nada más volver a París, en 1914, tiene que partir para la guerra.
Estos años de sanatorio y su estancia en el frente, el contacto con la miseria –Eluard fue enfermero, luego soldado de infantería- dejarán una huella en su obra poética. Los primeros versos que de él conocemos datan de 1917. Ha compartido la mala suerte de todos y, al igual que Walt Whitman, de quien lee y relee Hojas de Hierba, puede decir que nada que proceda del pueblo le es indiferente. Será pues esa miseria común la que le inspirará.
Eluard conoce a Gala en 1912. A ella dedica El Amor a la Poesía y con ella se casa poco más tarde.
A sus primeras obras, El deber y la inquietud y Poemas para la Paz, les siguen: Repeticiones, Morir de no morir, Poesía y Verdad, La Capital del Dolor, Dar a ver, El deseo de durar, Poemas Políticos, El trabajo del poeta, El tiempo desborda, etc.
Un día de 1924, Eluard desapareció y el rumor de su muerte se propagó por París. En la prensa aparecen artículos necrológicos. De hecho, Eluard, terriblemente cansado y decepcionado, había querido huir. Embarcó en el primer barco que salía de Marsella y abandonaba Francia, sin dar señales de vida.
Fue una larga carrera alrededor del mundo, que le llevó a Oceanía, a Malasia y a la India. La evasión terminaba a bordo de un carguero holandés que le llevaría nuevamente a Marsella.
En 1923 Eluard reside en Roma, después va a Viena, luego a Praga. Se le ve con frecuencia en Bélgica. Fue también a Grecia, Inglaterra, Rusia y México. Recorre España poco antes de la rebelión militar de 1936. Conoce a nuestros poetas. Descubre las Canarias, donde nacen las deslumbrantes páginas de Amor Loco, la España de Madrid, de Sevilla, de Barcelona. Las desgracias del pueblo español le inspiran las estrofas de Guernica y Noviembre 36.
Con Ver, reproducciones de cuadros y dibujos, comentados poemas, Paul Eluard señalaba ante todo, lo que debía a los pintores (Ernst, Picasso, Chirico, Miró, Dalí...), y como el trabajo del pintor – que es el titulo del poema sobre Picasso- es una ayuda a su trabajo de poeta.
Eluard no se perdió en el irracionalismo surrealista porque no fue un imitador sino un creador y confirmó con su poesía y su vida los valores de la humanidad y del humanismo. El tema fundamental de su poesía, es el amor, en letras mayúsculas, sin reducirlo a la defensa o elegía a la que recurren los pequeños artistas. Se limitaba a manifestarlo, a tratarlo, a interpretarlo a través de su poesía, como pudiera hacerlo, simplemente, de un personaje que existe o, mejor, que vive.
Paul Eluard murió el 18 de noviembre de 1952. París llenó su tumba de claveles rojos. Profundamente escondido en la tierra como la semilla del sol y de la libertad descansa este poeta del amor y de la paz.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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Gracias.
“Hay palabras que hacen vivir
y son palabras inocentes
La palabra calor la palabra confianza
Amor justicia y la palabra libertad.”
Paul Eluard.
LA VOZ DEL SOLDADO DE LA PAZ
En su admirable prologuillo a la Primera antología de la poesía del pasado, que nos dejó Paul Eluard, poco antes de morir, casi como un testamento poético, nos habla de la poesía como de “un lenguaje universal de la inocencia y de la razón desmesurada que es el del hombre a quien repugna el prosaísmo”.
No hay en los tiempos modernos, un poeta más grande que Paul Eluard, porque nadie mejor que él, ha mostrado como la poesía alcanza su grandeza total ayudando a los hombres a transformar el mundo, convirtiéndose, para acabar con el mal, en un agente decidido de la bondad sobre la tierra. “Su poesía –decía Pablo Neruda- era cristal de piedra, agua inmovilizada en su constante corriente”. Y añadía el gran poeta chileno: “El sostenía con su columna azul las fuerzas de la paz y la alegría. El ha muerto con sus manos floridas, soldado de la paz, poeta de su pueblo”.
Paul Eluard nace en Saint-Denis el 14 de diciembre de 1895. En Saint-Denis y luego en Aulnay-Bois y París pasaría sus primeros años. A los dieciséis años tiene que abandonar París para marchar a Suiza. Está enfermo y tiene que curarse en la montaña. Nada más volver a París, en 1914, tiene que partir para la guerra.
Estos años de sanatorio y su estancia en el frente, el contacto con la miseria –Eluard fue enfermero, luego soldado de infantería- dejarán una huella en su obra poética. Los primeros versos que de él conocemos datan de 1917. Ha compartido la mala suerte de todos y, al igual que Walt Whitman, de quien lee y relee Hojas de Hierba, puede decir que nada que proceda del pueblo le es indiferente. Será pues esa miseria común la que le inspirará.
Eluard conoce a Gala en 1912. A ella dedica El Amor a la Poesía y con ella se casa poco más tarde.
A sus primeras obras, El deber y la inquietud y Poemas para la Paz, les siguen: Repeticiones, Morir de no morir, Poesía y Verdad, La Capital del Dolor, Dar a ver, El deseo de durar, Poemas Políticos, El trabajo del poeta, El tiempo desborda, etc.
Un día de 1924, Eluard desapareció y el rumor de su muerte se propagó por París. En la prensa aparecen artículos necrológicos. De hecho, Eluard, terriblemente cansado y decepcionado, había querido huir. Embarcó en el primer barco que salía de Marsella y abandonaba Francia, sin dar señales de vida.
Fue una larga carrera alrededor del mundo, que le llevó a Oceanía, a Malasia y a la India. La evasión terminaba a bordo de un carguero holandés que le llevaría nuevamente a Marsella.
En 1923 Eluard reside en Roma, después va a Viena, luego a Praga. Se le ve con frecuencia en Bélgica. Fue también a Grecia, Inglaterra, Rusia y México. Recorre España poco antes de la rebelión militar de 1936. Conoce a nuestros poetas. Descubre las Canarias, donde nacen las deslumbrantes páginas de Amor Loco, la España de Madrid, de Sevilla, de Barcelona. Las desgracias del pueblo español le inspiran las estrofas de Guernica y Noviembre 36.
Con Ver, reproducciones de cuadros y dibujos, comentados poemas, Paul Eluard señalaba ante todo, lo que debía a los pintores (Ernst, Picasso, Chirico, Miró, Dalí...), y como el trabajo del pintor – que es el titulo del poema sobre Picasso- es una ayuda a su trabajo de poeta.
Eluard no se perdió en el irracionalismo surrealista porque no fue un imitador sino un creador y confirmó con su poesía y su vida los valores de la humanidad y del humanismo. El tema fundamental de su poesía, es el amor, en letras mayúsculas, sin reducirlo a la defensa o elegía a la que recurren los pequeños artistas. Se limitaba a manifestarlo, a tratarlo, a interpretarlo a través de su poesía, como pudiera hacerlo, simplemente, de un personaje que existe o, mejor, que vive.
Paul Eluard murió el 18 de noviembre de 1952. París llenó su tumba de claveles rojos. Profundamente escondido en la tierra como la semilla del sol y de la libertad descansa este poeta del amor y de la paz.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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viernes, 11 de enero de 2008
JOSE MARIA QUIROGA PLA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
JOSE MARIA QUIROGA PLA
(1902-1955)
“Su imagen, desdoblándose a lo lejos,
se esfuma, lentamente repetida
por una escala mágica de espejos.”
José María Quiroga Pla.
LA VOZ DESTERRADA
Conocido intelectual, periodista, ensayista excelente..., José María Quiroga Pla publicó poesía en las más importantes revistas poéticas de las décadas del veinte y, sobre todo, del treinta. Inicia su carrera literaria próximo al ultraísmo, cultivó también la prosa con un cuento escrito en colaboración con Pedro Caravias. Tradujo a Proust, continuando la labor iniciada por Pedro Salinas. Fue de los poetas invitados a colaborar en el número extraordinario de Litoral con motivo del homenaje a Góngora, junto a Alberti, Lorca, Diego, Adriano del Valle, Bergamín, Aleixandre, Altolaguirre, Cernuda, Rogelio Buendía, Pedro Garfias, Moreno Villa, Romero Murube, Juan Larrea, Hinojosa, Prados y otros. Fue secretario de Unamuno, casándose con una de sus hijas. Durante la guerra civil colaboró en Hora de España. Este poeta madrileño aunque fue a acabar sus días a la ciudad suiza de Ginebra, residió en París, donde fue funcionario de la Unesco. Buena parte de su obra inédita se extravió tras su muerte. Quiroga Pla fue uno de los fundadores de la “Unión de Intelectuales Españoles” (U.I.E.) en Francia, que se constituyó en el otoño de 1944. Colaboró en la revista Independencia, de talante parecido al Boletín de la U.I.E. en Francia.
Su primer volumen de versos Morir al día (1946) -que contiene poesía escrita en España durante la guerra, sobre todo, creada en los primeros años de exilio, en París- tardó bastante en publicarse. El próximo, La realidad reflejada, había de salir en México, en 1955, muy poco antes de la muerte del poeta. Son éstos sus dos únicos volúmenes. Dejó otro libro preparado -Valses de la memoria- y bastantes poemas sueltos. todo ello permanece aún, inexplicablemente, inédito.
A la vista de los volúmenes de poesía de Quiroga Pla podemos constatar esa evolución que, durante los años de exilio, se da en muchos poetas: una angustia difícil de reprimir, en los primeros años, que, con el paso del tiempo, se convierte en resignada nostalgia o en hallazgo de un mundo nuevo -con problemática nueva, con fe nueva- en el que se quiere vivir. Quiroga Pla, con la inteligencia que refleja siempre en sus juicios, en unas páginas que deseaba sirvieran de prólogo al libro, Valses de la memoria, analiza, en las siguientes palabras, la línea que caracterizan sus dos volúmenes de poesía: “Esta vuelta del corazón y del ansia hacia España, aparece ya en Morir al día, mi primer libro dedicado al destierro y escrito en el destierro, no en el exilio, nombre que me niego a aceptar. En Realidad reflejada creo que subsisten las mismas líneas esenciales, acaso con un poco más de esperanza, porque yo siempre he querido hacer una poesía de esperanza”.
Aunque Morir al día salió en enero de 1946 -es decir, al final de la segunda guerra- contiene alguna poesía fechada en Barcelona, en 1938, y, la mayor parte, fechada en París, lugar donde Quiroga Pla permaneció, uniéndose a la Resistencia. En su totalidad, la forma elegida por el poeta es el soneto. Cada una de las partes -cuatro- contiene una temática distinta. Toda la parte primera es poesía amorosa. En Despedidas y ausencias -parte segunda- hay casi constantemente un dramático diálogo con personas lejanas o con personas muertas: en este punto es inevitable señalar que los sonetos dedicados a don Miguel de Unamuno -más padre que suegro para Quiroga Pla- alcanzan quizá un máximo de intensidad emotiva. En Refugiado en París -tercera parte- domina el sentimiento de inmensa soledad, pero ya en la cuarta y última -Oyendo crecer la hierba- se advierte la clara voluntad de seguir viviendo y captando todo lo positivo que la vida puede ofrecer. El libro se cierra con una Dedicatoria final: A mi hijo Miguel, el niño que se quedó en España y al que apenas pudo ver luego unos días, en un lugar de la frontera.
La realidad reflejada entra de lleno dentro de una etapa de la España peregrina que se caracteriza -entre otras cosas- por una búsqueda de temas distintos a los de los años primeros, y por un tono de mayor serenidad. Los temas son muy diversos, pero, a través de todos ellos, domina un sentimiento: creencia en la vida y creencia en el hombre. Y en algunos de sus poemas se hace muy visible la aproximación al surrealismo pictórico: “Ese cuchillo en un plato / ¿por qué sueño así con él? / lo va pintando el pincel, / a pocos, como un retrato, / con una aplicación tal; / que empiezan a doblar, quedo, / los campanarios del miedo / que alza el sueño en su arrabal...”
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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(1902-1955)
“Su imagen, desdoblándose a lo lejos,
se esfuma, lentamente repetida
por una escala mágica de espejos.”
José María Quiroga Pla.
LA VOZ DESTERRADA
Conocido intelectual, periodista, ensayista excelente..., José María Quiroga Pla publicó poesía en las más importantes revistas poéticas de las décadas del veinte y, sobre todo, del treinta. Inicia su carrera literaria próximo al ultraísmo, cultivó también la prosa con un cuento escrito en colaboración con Pedro Caravias. Tradujo a Proust, continuando la labor iniciada por Pedro Salinas. Fue de los poetas invitados a colaborar en el número extraordinario de Litoral con motivo del homenaje a Góngora, junto a Alberti, Lorca, Diego, Adriano del Valle, Bergamín, Aleixandre, Altolaguirre, Cernuda, Rogelio Buendía, Pedro Garfias, Moreno Villa, Romero Murube, Juan Larrea, Hinojosa, Prados y otros. Fue secretario de Unamuno, casándose con una de sus hijas. Durante la guerra civil colaboró en Hora de España. Este poeta madrileño aunque fue a acabar sus días a la ciudad suiza de Ginebra, residió en París, donde fue funcionario de la Unesco. Buena parte de su obra inédita se extravió tras su muerte. Quiroga Pla fue uno de los fundadores de la “Unión de Intelectuales Españoles” (U.I.E.) en Francia, que se constituyó en el otoño de 1944. Colaboró en la revista Independencia, de talante parecido al Boletín de la U.I.E. en Francia.
Su primer volumen de versos Morir al día (1946) -que contiene poesía escrita en España durante la guerra, sobre todo, creada en los primeros años de exilio, en París- tardó bastante en publicarse. El próximo, La realidad reflejada, había de salir en México, en 1955, muy poco antes de la muerte del poeta. Son éstos sus dos únicos volúmenes. Dejó otro libro preparado -Valses de la memoria- y bastantes poemas sueltos. todo ello permanece aún, inexplicablemente, inédito.
A la vista de los volúmenes de poesía de Quiroga Pla podemos constatar esa evolución que, durante los años de exilio, se da en muchos poetas: una angustia difícil de reprimir, en los primeros años, que, con el paso del tiempo, se convierte en resignada nostalgia o en hallazgo de un mundo nuevo -con problemática nueva, con fe nueva- en el que se quiere vivir. Quiroga Pla, con la inteligencia que refleja siempre en sus juicios, en unas páginas que deseaba sirvieran de prólogo al libro, Valses de la memoria, analiza, en las siguientes palabras, la línea que caracterizan sus dos volúmenes de poesía: “Esta vuelta del corazón y del ansia hacia España, aparece ya en Morir al día, mi primer libro dedicado al destierro y escrito en el destierro, no en el exilio, nombre que me niego a aceptar. En Realidad reflejada creo que subsisten las mismas líneas esenciales, acaso con un poco más de esperanza, porque yo siempre he querido hacer una poesía de esperanza”.
Aunque Morir al día salió en enero de 1946 -es decir, al final de la segunda guerra- contiene alguna poesía fechada en Barcelona, en 1938, y, la mayor parte, fechada en París, lugar donde Quiroga Pla permaneció, uniéndose a la Resistencia. En su totalidad, la forma elegida por el poeta es el soneto. Cada una de las partes -cuatro- contiene una temática distinta. Toda la parte primera es poesía amorosa. En Despedidas y ausencias -parte segunda- hay casi constantemente un dramático diálogo con personas lejanas o con personas muertas: en este punto es inevitable señalar que los sonetos dedicados a don Miguel de Unamuno -más padre que suegro para Quiroga Pla- alcanzan quizá un máximo de intensidad emotiva. En Refugiado en París -tercera parte- domina el sentimiento de inmensa soledad, pero ya en la cuarta y última -Oyendo crecer la hierba- se advierte la clara voluntad de seguir viviendo y captando todo lo positivo que la vida puede ofrecer. El libro se cierra con una Dedicatoria final: A mi hijo Miguel, el niño que se quedó en España y al que apenas pudo ver luego unos días, en un lugar de la frontera.
La realidad reflejada entra de lleno dentro de una etapa de la España peregrina que se caracteriza -entre otras cosas- por una búsqueda de temas distintos a los de los años primeros, y por un tono de mayor serenidad. Los temas son muy diversos, pero, a través de todos ellos, domina un sentimiento: creencia en la vida y creencia en el hombre. Y en algunos de sus poemas se hace muy visible la aproximación al surrealismo pictórico: “Ese cuchillo en un plato / ¿por qué sueño así con él? / lo va pintando el pincel, / a pocos, como un retrato, / con una aplicación tal; / que empiezan a doblar, quedo, / los campanarios del miedo / que alza el sueño en su arrabal...”
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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jueves, 10 de enero de 2008
REVISAR LAS IDEAS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
REVISAR LAS IDEAS
“Todo pasó. Todo quedó lo mismo:
como si en el otoño floreciera,
ardiendo en el fulgor de su espejismo.”
José Bergamín.
ALGO LEGITIMO ES LLAMADO SUBVERSIVO
El Poder público en España ha considerado en la mayoría de los decenios del pasado siglo que su principal misión era evitar la subversión. Es evidente que todo Poder constituido tiende a evitarla, y ello es legítimo. Lo que parece inquietante es que esa misión, necesaria pero secundaria, se convierta en la principal; es decir, que el Estado tenga una función primariamente negativa, represiva. El Estado tiene que “estar”, es decir, establecer un ámbito, amplio, seguro y holgado de convivencia, iniciativa, crítica, rectificación, cambio; si tiene que impedir la subversión, es porque ésta perturba la vida, entorpece el cambio, anula la libertad.
Pero lo más grave es que se ha considerado como subversión gran parte de la vida normal de los ciudadanos y del Estado mismo. Se ha considerado subversivo, y por tanto, delictivo, el ejercicio de una buena porción de los derechos que forman el patrimonio de todos los países de Occidente, al cual pertenece España independientemente de la voluntad de sus gobiernos, al cual, además, se ha adscrito nominalmente durante muchos años -”los países libres”, “el mundo libre”, etc.-. Quiero decir que la “subversión” se ha compuesto de dos partes bien distintas: la efectiva y real, que no ha faltado; y aquellas actividades, nada subversivas, que han sido “hechas subversivas”, por ser consideradas como tales.
Conviene, pues, revisar las ideas sobre lo que es subversivo y lo que no lo es. En ningún país de Occidente es subversivo que se exprese libremente la opinión individual o colectiva, de palabra o por escrito, en conversaciones, cartas, conferencias, discursos, manifestaciones, periódicos, revistas, radio, televisión... Tampoco es subversivo que los individuos se asocien para fines lícitos, y son lícitos los fines políticos, culturales, deportivos, económicos, religiosos. Ni es subversivo que los ciudadanos se critiquen unos a otros, o a los administradores del país, o sus medidas concretas, o propongan cambios en la organización.
Cuando se hace todo esto, nadie dice que hay subversión, no hay ningún delito que reprimir ni castigar, y el Estado puede dedicarse a otras cosas: crear empleo, avanzar en el proceso de paz, mejorar la educación y la sanidad, fomentar la cultura, ordenar la hacienda, velar por la justicia, hacer una política exterior inteligente, inspirada y adecuada a las circunstancias.
En cambio, son subversivas algunas conductas que no han solido ser consideradas como tales. Por ejemplo, que las autoridades actúen por su cuenta, no sigan las instrucciones de las leyes, prohiban lo que está autorizado, detengan al que no es delincuente, disparen cuando no es absolutamente necesario, perturben el funcionamiento de instituciones legales.
Es urgente aclarar todas estas cosas, sobre todo si se quiere de verdad evitar la subversión. Es absolutamente inaceptable, más aún, intolerable, poner una bomba, incendiar, destruir de cualquier modo, asesinar, herir o agredir, secuestrar, intimidar con la violencia. Pero si se considera igualmente subversivo expresar una opinión, hacer una petición, criticar un decreto o al presidente del Gobierno, reclamar los derechos, entonces las fronteras se borran peligrosamente. Y la evidencia de que algo legítimo es llamado subversivo y reprimido como tal, quiérase o no descalifica la idea de “subversión”, hace que no se respete ni se tome en serio, induce una inadmisible tolerancia para ella, engendra una complicidad social con la violencia, que es lo más peligroso de todo.
El Estado tiene que intervenir allí donde es necesario, es decir, allí donde tiene derecho a hacerlo. Pero tiene que abstenerse rigurosamente de intervenir donde no tiene nada que hacer, debe dejar a los individuos y a los grupos sociales ejercer libremente sus derechos poner en práctica sus iniciativas, expresar sus ideas y opiniones, proyectar, proponer, intentar persuadir, averiguar cómo son las cosas, conocerse, determinar cuál es el estado efectivo del país en todas sus dimensiones.
La libertad es algo que se hace, que tenemos que hacer cada uno de nosotros. ¿Cómo? Ejercitándola, usándola hasta donde es posible. Hasta donde tropiece con la represión del Poder -se dirá-. Bueno, claro es. Pero no me cansaré de decir que “hay que estirar el pie a ver hasta dónde llega la sábana”, que hay que “tomarse la libertad” -la libertad a que se tiene derecho- hasta el límite de lo posible. Todavía no he perdido la esperanza de que en el futuro el Poder público se de cuenta de que su función primordial no es evitar la subversión sino más bien hacerla primero innecesaria y después imposible, abrir los cauces para la convivencia activa en vigorosa concordia. Y como dijo el poeta: “El viento libre se gana / ganando la Libertad”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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No se puede ser libre más que entre libres. Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
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“Todo pasó. Todo quedó lo mismo:
como si en el otoño floreciera,
ardiendo en el fulgor de su espejismo.”
José Bergamín.
ALGO LEGITIMO ES LLAMADO SUBVERSIVO
El Poder público en España ha considerado en la mayoría de los decenios del pasado siglo que su principal misión era evitar la subversión. Es evidente que todo Poder constituido tiende a evitarla, y ello es legítimo. Lo que parece inquietante es que esa misión, necesaria pero secundaria, se convierta en la principal; es decir, que el Estado tenga una función primariamente negativa, represiva. El Estado tiene que “estar”, es decir, establecer un ámbito, amplio, seguro y holgado de convivencia, iniciativa, crítica, rectificación, cambio; si tiene que impedir la subversión, es porque ésta perturba la vida, entorpece el cambio, anula la libertad.
Pero lo más grave es que se ha considerado como subversión gran parte de la vida normal de los ciudadanos y del Estado mismo. Se ha considerado subversivo, y por tanto, delictivo, el ejercicio de una buena porción de los derechos que forman el patrimonio de todos los países de Occidente, al cual pertenece España independientemente de la voluntad de sus gobiernos, al cual, además, se ha adscrito nominalmente durante muchos años -”los países libres”, “el mundo libre”, etc.-. Quiero decir que la “subversión” se ha compuesto de dos partes bien distintas: la efectiva y real, que no ha faltado; y aquellas actividades, nada subversivas, que han sido “hechas subversivas”, por ser consideradas como tales.
Conviene, pues, revisar las ideas sobre lo que es subversivo y lo que no lo es. En ningún país de Occidente es subversivo que se exprese libremente la opinión individual o colectiva, de palabra o por escrito, en conversaciones, cartas, conferencias, discursos, manifestaciones, periódicos, revistas, radio, televisión... Tampoco es subversivo que los individuos se asocien para fines lícitos, y son lícitos los fines políticos, culturales, deportivos, económicos, religiosos. Ni es subversivo que los ciudadanos se critiquen unos a otros, o a los administradores del país, o sus medidas concretas, o propongan cambios en la organización.
Cuando se hace todo esto, nadie dice que hay subversión, no hay ningún delito que reprimir ni castigar, y el Estado puede dedicarse a otras cosas: crear empleo, avanzar en el proceso de paz, mejorar la educación y la sanidad, fomentar la cultura, ordenar la hacienda, velar por la justicia, hacer una política exterior inteligente, inspirada y adecuada a las circunstancias.
En cambio, son subversivas algunas conductas que no han solido ser consideradas como tales. Por ejemplo, que las autoridades actúen por su cuenta, no sigan las instrucciones de las leyes, prohiban lo que está autorizado, detengan al que no es delincuente, disparen cuando no es absolutamente necesario, perturben el funcionamiento de instituciones legales.
Es urgente aclarar todas estas cosas, sobre todo si se quiere de verdad evitar la subversión. Es absolutamente inaceptable, más aún, intolerable, poner una bomba, incendiar, destruir de cualquier modo, asesinar, herir o agredir, secuestrar, intimidar con la violencia. Pero si se considera igualmente subversivo expresar una opinión, hacer una petición, criticar un decreto o al presidente del Gobierno, reclamar los derechos, entonces las fronteras se borran peligrosamente. Y la evidencia de que algo legítimo es llamado subversivo y reprimido como tal, quiérase o no descalifica la idea de “subversión”, hace que no se respete ni se tome en serio, induce una inadmisible tolerancia para ella, engendra una complicidad social con la violencia, que es lo más peligroso de todo.
El Estado tiene que intervenir allí donde es necesario, es decir, allí donde tiene derecho a hacerlo. Pero tiene que abstenerse rigurosamente de intervenir donde no tiene nada que hacer, debe dejar a los individuos y a los grupos sociales ejercer libremente sus derechos poner en práctica sus iniciativas, expresar sus ideas y opiniones, proyectar, proponer, intentar persuadir, averiguar cómo son las cosas, conocerse, determinar cuál es el estado efectivo del país en todas sus dimensiones.
La libertad es algo que se hace, que tenemos que hacer cada uno de nosotros. ¿Cómo? Ejercitándola, usándola hasta donde es posible. Hasta donde tropiece con la represión del Poder -se dirá-. Bueno, claro es. Pero no me cansaré de decir que “hay que estirar el pie a ver hasta dónde llega la sábana”, que hay que “tomarse la libertad” -la libertad a que se tiene derecho- hasta el límite de lo posible. Todavía no he perdido la esperanza de que en el futuro el Poder público se de cuenta de que su función primordial no es evitar la subversión sino más bien hacerla primero innecesaria y después imposible, abrir los cauces para la convivencia activa en vigorosa concordia. Y como dijo el poeta: “El viento libre se gana / ganando la Libertad”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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No se puede ser libre más que entre libres. Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
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martes, 8 de enero de 2008
LUIS JIMENEZ MARTOS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
LUIS JIMENEZ MARTOS
(1926-2003)
“Yo soy un nadador en libertad mojada
que besa con su gozo la garganta del mar.”
Luis Jiménez Martos.
LA VOZ DE LA POESIA DEL MAR.
Los dos impulsos por los que se rigen la creación poética de Jiménez Martos son: la tierra, que responde a un enraizamiento y al pasado; el mar, donde se refleja la actitud itinerante del escritor, “muy del presente”. Toda su obra creadora queda así clasificada: responden al primer impulso, Por distinta luz (1963), Con los ojos distantes (1970) y El agua bajo la piedra. A la llamada del mar: Encuentro con Ulises, por el que obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1969, Los pasos litorales (1976) y Las raíces y el mar (1978).
Posteriormente Jiménez Martos publicó otros libros de poesía como Madre de mi ceniza (1982), Molino de Martos (1985), Casida del buen suceso (1988), Monólogo de Río Grande (1993) y La muerte, el mar y las raíces (1999).
Luis Jiménez Martos nació en Córdoba el 2 de diciembre de 1926. Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada y en 1955 se marchó a vivir a Madrid, donde trabajó en la Editorial Aguilar. Intervino, en sus años jóvenes, en la fundación de las revistas poéticas Veleta, de Granada, y Arkangel, de Córdoba. Después fue director de la prestigiosa colección Adonais, y del Aula de Poesía del Ateneo de Madrid. Colaboró en diversos medios impresos: Arriba, Alcalá, La Hora, Cuadernos Hispanoamericanos, Piel de España, Ágora, La Estafeta Literaria, Ya y ABC. Luis Jiménez Martos muere en Madrid el 25 de junio de 2003. Crítico de poesía; cuenta en su haber con las antologías: Nuevos poetas españoles, Poetas del Sur y La generación poética de 1936. En prosa ha publicado una novela corta; Juan Opositor (1956); Leyendas andaluzas (1964), Tientos (1969), Valera, un liberal entre dos fuego (1973), Antonio Povedano (1974), Tientos de la pluma y del plumero, Textos de toros y su gente (1978), Mis memorias de Adonais 1963-1993 (1999). También ha publicado los ensayos Veintiocho años de poesía española (1964), Informe sobre la poesía española (1976) y Villaespesa (1978).
Por distinta luz son cinco composiciones con un tema único. la muerte del padre; en ellas apunta el talante del poeta: hombre del Sur, con peso de culturas de siglos -herencia de su Córdoba natal-; afincado en los fondos interrogantes de la condición humana; con capacidad para expresar con arte los rincones de la nostalgia y del recuerdo. Encuentro de Ulises, representa la entrada del mar en la poesía y, con él, el ímpetu de la vida, de la alegría, del yo itinerante y presente del poeta.
Con los ojos distantes es un conjunto de poemas unidos por un hilo autobiográfico; vuelve en este libro a predominar la tierra, el tiempo, la evocación y el halo de tristeza. Los pasos litorales es de nuevo poesía del mar; de nuestras costas atlánticas en su mayor parte, como Encuentro con Ulises lo había sido de la del Mediterráneo. La “obsesión por lo transparente” que había declarado tener en Con los ojos distantes lo ha conseguido aquí, también la revelación de horizontes, que, si parte de una descripción de elementos exteriores, conecta con la exaltación vital que el mar suscita en el poeta: “Nunca la Muerte Mar, / Vida siempre en su origen, / que nunca calla”, dirá en “réplica cordial” al “lloroso y perdurable” Jorge Manrique. Y como nos dice el poeta cordobés en su poema “Resumen”, con el que se cierra su obra Los pasos litorales: “No tuve ojos hasta ver el mar / No tuve piel sin roce de arena. / No tuve un horizonte sin las olas. / No tuve olvido hasta olvidar la tierra”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
Por la convivencia frente a la crispación.
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
Gracias.
(1926-2003)
“Yo soy un nadador en libertad mojada
que besa con su gozo la garganta del mar.”
Luis Jiménez Martos.
LA VOZ DE LA POESIA DEL MAR.
Los dos impulsos por los que se rigen la creación poética de Jiménez Martos son: la tierra, que responde a un enraizamiento y al pasado; el mar, donde se refleja la actitud itinerante del escritor, “muy del presente”. Toda su obra creadora queda así clasificada: responden al primer impulso, Por distinta luz (1963), Con los ojos distantes (1970) y El agua bajo la piedra. A la llamada del mar: Encuentro con Ulises, por el que obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1969, Los pasos litorales (1976) y Las raíces y el mar (1978).
Posteriormente Jiménez Martos publicó otros libros de poesía como Madre de mi ceniza (1982), Molino de Martos (1985), Casida del buen suceso (1988), Monólogo de Río Grande (1993) y La muerte, el mar y las raíces (1999).
Luis Jiménez Martos nació en Córdoba el 2 de diciembre de 1926. Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada y en 1955 se marchó a vivir a Madrid, donde trabajó en la Editorial Aguilar. Intervino, en sus años jóvenes, en la fundación de las revistas poéticas Veleta, de Granada, y Arkangel, de Córdoba. Después fue director de la prestigiosa colección Adonais, y del Aula de Poesía del Ateneo de Madrid. Colaboró en diversos medios impresos: Arriba, Alcalá, La Hora, Cuadernos Hispanoamericanos, Piel de España, Ágora, La Estafeta Literaria, Ya y ABC. Luis Jiménez Martos muere en Madrid el 25 de junio de 2003. Crítico de poesía; cuenta en su haber con las antologías: Nuevos poetas españoles, Poetas del Sur y La generación poética de 1936. En prosa ha publicado una novela corta; Juan Opositor (1956); Leyendas andaluzas (1964), Tientos (1969), Valera, un liberal entre dos fuego (1973), Antonio Povedano (1974), Tientos de la pluma y del plumero, Textos de toros y su gente (1978), Mis memorias de Adonais 1963-1993 (1999). También ha publicado los ensayos Veintiocho años de poesía española (1964), Informe sobre la poesía española (1976) y Villaespesa (1978).
Por distinta luz son cinco composiciones con un tema único. la muerte del padre; en ellas apunta el talante del poeta: hombre del Sur, con peso de culturas de siglos -herencia de su Córdoba natal-; afincado en los fondos interrogantes de la condición humana; con capacidad para expresar con arte los rincones de la nostalgia y del recuerdo. Encuentro de Ulises, representa la entrada del mar en la poesía y, con él, el ímpetu de la vida, de la alegría, del yo itinerante y presente del poeta.
Con los ojos distantes es un conjunto de poemas unidos por un hilo autobiográfico; vuelve en este libro a predominar la tierra, el tiempo, la evocación y el halo de tristeza. Los pasos litorales es de nuevo poesía del mar; de nuestras costas atlánticas en su mayor parte, como Encuentro con Ulises lo había sido de la del Mediterráneo. La “obsesión por lo transparente” que había declarado tener en Con los ojos distantes lo ha conseguido aquí, también la revelación de horizontes, que, si parte de una descripción de elementos exteriores, conecta con la exaltación vital que el mar suscita en el poeta: “Nunca la Muerte Mar, / Vida siempre en su origen, / que nunca calla”, dirá en “réplica cordial” al “lloroso y perdurable” Jorge Manrique. Y como nos dice el poeta cordobés en su poema “Resumen”, con el que se cierra su obra Los pasos litorales: “No tuve ojos hasta ver el mar / No tuve piel sin roce de arena. / No tuve un horizonte sin las olas. / No tuve olvido hasta olvidar la tierra”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
Por la convivencia frente a la crispación.
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