CARLOS MURCIANO
“Esto de no ser más que tiempo espanta.
La solución bajo el costado izquierdo:
un fiel reloj que jamás me acuerdo
de darle cuerda y, sin embargo, canta.”
Carlos Murciano.
LA VOZ DEL CANTOR DEL TIEMPO
Carlos Murciano hablándonos de su hermano Antonio nos contaba: “Hasta que, en agosto de 1949, surge Alcaraván. Ya para entonces su naturaleza contagiante había infiltrado en mí el virus de la poesía (como, más tarde, el apego al tema navideño y, lo que es más sorprendente, a la copla flamenca). La poesía nos une (iba a decir “nos hermana”). Pronto empezamos a escribir y a concursar juntos, y los premios nos permiten formar poco a poco nuestra biblioteca”.
El poeta arcense se comunica con los hombres, haciendo de su mensaje “un simple recado” por la “claridad de la caridad, que es la que pasa por el corazón”. Nacido en Arcos de la Frontera en 1931. Su pueblo, la niñez y la vida familiar llegan a los versos desde el recuerdo, su estancia en Madrid, no se advierte si no es por lo que en los poemas recoge de su mujer, Antoñita, y de sus hijos. Este poeta y prosista andaluz, destaca también como musicólogo, crítico de arte y crítico literario, habiendo traducido a numerosos poetas ingleses y norteamericanos.
Premio Nacional de Literatura en 1970 por el libro Este claro silencio, se había dado a conocer con El alma repartida, escrito cuando traspasaba el umbral de los veinte años. Desde entonces ha publicado Angeles de siempre, Viento en la carne, donde padece la dura búsqueda de un porqué para su existencia.
La tristeza adquiere forma de muchacha en Poemas tristes de Madia y le sigue pesando en Cuando da el corazón la medianoche. Tiempo de ceniza es una consideración del tiempo -del todo y la nada del tiempo- para un poeta aún perdido en la búsqueda, que prosigue en Un día más o menos. Desde la carne al alma contiene los poemas decisivos y últimos de esta búsqueda. En los restantes libros se ocupa de lo que es para él experiencia eternizada de lo cotidiano: de la muerte es el Libro de epitafios, del retorno a la infancia son Los años y las sombras, El mar y Este claro silencio; en Claves es la música su musa inspiradora.
También ha cultivado el cuento, La aguja y La escalera; y la novela La calle nueva, Cartas a Tobby y Triste canta el búho, entre otras. En 1982 obtuvo el Premio Nacional de literatura infantil y juvenil por El mar sigue esperando y en año 2000 el Premio Internacional Atlántida por el conjunto de su obra.
Las coordenadas temáticas del poeta son la Muerte y el Tiempo; con predominio del Tiempo, que en su deslizarse alude siempre a la Muerte como meta final. Sin embargo, Carlos Murciano no es un escritor a quien abrume esta postrimería; él mismo ha escrito en Notas para una poética: “Detenerse ante algo triste, algo sucio, sí. Y cantarlo. Pero para salvarlo por la belleza, para levantarlo con el verso, con el verbo privilegiado; no para hundirlo más en su tristeza, en su mísero existir, al airear sus defectos. Ver en el perro muerto no la carne que se pudre, sino los dientes que, blancos, hermosos, permanecen. He ahí el secreto”.
Carlos es un enamorado de su pueblo, e inspirado en tanta belleza, escribe: “Arcos, alguien lo ha dicho, es como un belén de ensueño. Allí la piedra amarilla de vientos de años junto al fresco verdor de la hierba olorosa; el río curvándose y descurvándose espejante; el molino que espumea orillando una agua nítida; los eucaliptos de despeinada cauda, los álamos de nieve y ceniza buscándose -narcisos- el reflejo; el rebaño, triscador y albeante, la mula parda y el buey lento, asomando sus ojos mansos por cualquier cueva umbría, los hombres curtidos de sol y de reatas, casi filósofos en sus sentencias; la cuesta de Belén, con un barranco delirante de cal que deja ver a sus espaldas un cerro de olivares y chumberas; todo un escenario, en fin, dispuesto a recibir el milagro de un Dios descendido”.
Y en su pueblo, cuna de la poesía, Carlos sintió como le brotaban, a golpes, sus versos, unos versos de tan sencillos, milagrosos: “A veces suena a Dios. De todos modos / es un reloj y un día, como todos, / se quedará parado en cualquier hora”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Por la convivencia frente a la crispación.
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
Gracias.
jueves, 17 de enero de 2008
GUILLAUME APOLLINAIRE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
GUILLAUME APOLLINAIRE
(1880-1918)
“Entre el rumor de las campanas,
bella gitana, amante y mía,
nos amamos perdidamente
y nadie, nadie, nos veía.”
Gillaume Apollinaire.
LA VOZ DEL ABANDERADO DE LAS VANGUARDIAS
Para tener una idea clara del significado y la importancia del gran lírico que fue Gillaume Apollinaire, nada mejor que el juicio que le mereció a Lemaître: “Sin Apollinaire, el cubismo pronto hubiera expirado...” , y concluye nuestro eminente crítico, Guillermo de Torre, de un modo más contundente y revelador: “Cuando Apollinaire, al igual que Picasso, descubre el cubismo y Ramón la greguería, se descubren a sí mismos”. La poesía de Apollinaire se distingue por ser realizada sobre frases sueltas, escuchadas por el autor aquí y allá. Apollinaire dio una nueva proyección a la poesía por medio de lo que él dio en llamar “poemas-conversaciones”. Amante de la lengua y de sus diferentes registros, del juego verbal y visual, así como del misterio, fue uno de los principales impulsores de la vanguardia literaria y artística de comienzos del siglo XX. Colaboró y fundó numerosas revistas literarias, donde ejerció la crítica. Descubrió el arte naïf, el arte negro, apoyó el grupo pictórico de los fauves y escribió en apoyo de los cubistas (Los pintores cubistas, 1913) y los futuristas (La antitradición futurista, 1913). A principios del siglo XX participó en París con Picasso en discusiones sobre el reciente cubismo. Apollinaire fue el primero en utilizar los términos surrealismo y surrealista. Inventó el término en 1917 (con motivo del estreno de su obra de teatro Las tetas de Tiresias a la que calificó de drama surrealista) para expresar una forma de ver la realidad, porque no le servía ningún otro.
Wilhelm Apollinaris de Kostrowitzky nace en Roma el 26 de agosto de 1880 Será bueno recordar el disfraz-leyenda con el que caracterizó su personalidad –se autodescubría como hijo de un cardenal italiano y Picasso le dibujó con una tiara y una mitra-. Su madre era una aristócrata polaca y una ludópata empedernida que le llevó por todos los lugares donde hubiera un casino donde perder algo de dinero. Muy niño su madre le llevó a la Costa Azul, donde vivió los mejores años de su infancia. Estudia en el Liceo de Niza y más tarde en Lycée Sant –Charles de Mónaco. En 1899 se traslada a París. Comienza su vida laboral trabajando en un banco, y posteriormente se marcha a Alemania para ocupar el puesto de preceptor de la vizcondesa de Milhau. Allí se enamora de la dama de compañía de aristócrata, llamada Annie Playdu. Termina por afincarse en París definitivamente en 1902. Su actividad literaria se inicia con la colaboración en publicaciones como La Revue Blanche o Mercure de France. En 1903 funda la efímera revista Le Festin d’Esope y La Revue Inmoraliste. Comparte tertulias con Picasso, Braque, Derain, Matisse, Max Jacob... y la pintora Marie Laurencin, con quien mantiene una relación sentimental. “Es la alegre época en que se dedica a mil cosas-nos cuenta Ramón Gómez de la Serna-, falta a mil citas y llega tarde a otras mil. Él mismo lo ha dicho, poetizando, cínicamente su informalidad en las citas: “Un día. / Un día yo me esperaba a mi mismo. / Yo me decía : “Guillermo, ya es hora de que llegues””. En septiembre de 1911, Apollinaire es detenido como supuesto autor del robo de La Gioconda y conducido por dos guardias a la cárcel. Sus amigos llevan la convicción de la inocencia de Apollinaire a los jueces y es puesto en libertad. Al estallar la Primera Guerra Mundial se alista como voluntario y es herido de gravedad en 1916, un día, estando leyendo un número de Mercure de France en la trinchera, un pedazo de obús se le clava en la cabeza. En 1918 se casa con la rusa Jacqueline Kolb. El gran día del armisticio, el 9 de noviembre de 1918, muere en París, víctima de la gripe.
Escribió, entre otras obras, los cuentos El encantador en putrefacción (1908), centrado en el mago de Merlín, y El poeta asesinado (1916); los libros de poemas El bestiario o el cortejo de Orfeo (1911), Alcoholes (1913) y Poemas a Lou (1955), publicado póstumamente; el drama surrealista Las tetas de Tiresias (1917); los textos eróticos Memorias de un joven don Juan (1907), Las once mil vergas (1908) y El fin de Babilonia (1914), y sus famosos poemas gráficos o dibujos construidos con palabras Caligramas (1918), 86 “poesías de la paz y de la guerra”. En 1917 pronunció su última conferencia “El espíritu nuevo y los poetas”, en la que pretendió conciliar la invención y la tradición. Apollinaire que amó lo difícil, murió después de haber dado permiso para lo imposible. Y como dijo este gran poeta: “El amor se nos fuga como esta agua corriente”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Paz, queramos paz.
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Gracias
(1880-1918)
“Entre el rumor de las campanas,
bella gitana, amante y mía,
nos amamos perdidamente
y nadie, nadie, nos veía.”
Gillaume Apollinaire.
LA VOZ DEL ABANDERADO DE LAS VANGUARDIAS
Para tener una idea clara del significado y la importancia del gran lírico que fue Gillaume Apollinaire, nada mejor que el juicio que le mereció a Lemaître: “Sin Apollinaire, el cubismo pronto hubiera expirado...” , y concluye nuestro eminente crítico, Guillermo de Torre, de un modo más contundente y revelador: “Cuando Apollinaire, al igual que Picasso, descubre el cubismo y Ramón la greguería, se descubren a sí mismos”. La poesía de Apollinaire se distingue por ser realizada sobre frases sueltas, escuchadas por el autor aquí y allá. Apollinaire dio una nueva proyección a la poesía por medio de lo que él dio en llamar “poemas-conversaciones”. Amante de la lengua y de sus diferentes registros, del juego verbal y visual, así como del misterio, fue uno de los principales impulsores de la vanguardia literaria y artística de comienzos del siglo XX. Colaboró y fundó numerosas revistas literarias, donde ejerció la crítica. Descubrió el arte naïf, el arte negro, apoyó el grupo pictórico de los fauves y escribió en apoyo de los cubistas (Los pintores cubistas, 1913) y los futuristas (La antitradición futurista, 1913). A principios del siglo XX participó en París con Picasso en discusiones sobre el reciente cubismo. Apollinaire fue el primero en utilizar los términos surrealismo y surrealista. Inventó el término en 1917 (con motivo del estreno de su obra de teatro Las tetas de Tiresias a la que calificó de drama surrealista) para expresar una forma de ver la realidad, porque no le servía ningún otro.
Wilhelm Apollinaris de Kostrowitzky nace en Roma el 26 de agosto de 1880 Será bueno recordar el disfraz-leyenda con el que caracterizó su personalidad –se autodescubría como hijo de un cardenal italiano y Picasso le dibujó con una tiara y una mitra-. Su madre era una aristócrata polaca y una ludópata empedernida que le llevó por todos los lugares donde hubiera un casino donde perder algo de dinero. Muy niño su madre le llevó a la Costa Azul, donde vivió los mejores años de su infancia. Estudia en el Liceo de Niza y más tarde en Lycée Sant –Charles de Mónaco. En 1899 se traslada a París. Comienza su vida laboral trabajando en un banco, y posteriormente se marcha a Alemania para ocupar el puesto de preceptor de la vizcondesa de Milhau. Allí se enamora de la dama de compañía de aristócrata, llamada Annie Playdu. Termina por afincarse en París definitivamente en 1902. Su actividad literaria se inicia con la colaboración en publicaciones como La Revue Blanche o Mercure de France. En 1903 funda la efímera revista Le Festin d’Esope y La Revue Inmoraliste. Comparte tertulias con Picasso, Braque, Derain, Matisse, Max Jacob... y la pintora Marie Laurencin, con quien mantiene una relación sentimental. “Es la alegre época en que se dedica a mil cosas-nos cuenta Ramón Gómez de la Serna-, falta a mil citas y llega tarde a otras mil. Él mismo lo ha dicho, poetizando, cínicamente su informalidad en las citas: “Un día. / Un día yo me esperaba a mi mismo. / Yo me decía : “Guillermo, ya es hora de que llegues””. En septiembre de 1911, Apollinaire es detenido como supuesto autor del robo de La Gioconda y conducido por dos guardias a la cárcel. Sus amigos llevan la convicción de la inocencia de Apollinaire a los jueces y es puesto en libertad. Al estallar la Primera Guerra Mundial se alista como voluntario y es herido de gravedad en 1916, un día, estando leyendo un número de Mercure de France en la trinchera, un pedazo de obús se le clava en la cabeza. En 1918 se casa con la rusa Jacqueline Kolb. El gran día del armisticio, el 9 de noviembre de 1918, muere en París, víctima de la gripe.
Escribió, entre otras obras, los cuentos El encantador en putrefacción (1908), centrado en el mago de Merlín, y El poeta asesinado (1916); los libros de poemas El bestiario o el cortejo de Orfeo (1911), Alcoholes (1913) y Poemas a Lou (1955), publicado póstumamente; el drama surrealista Las tetas de Tiresias (1917); los textos eróticos Memorias de un joven don Juan (1907), Las once mil vergas (1908) y El fin de Babilonia (1914), y sus famosos poemas gráficos o dibujos construidos con palabras Caligramas (1918), 86 “poesías de la paz y de la guerra”. En 1917 pronunció su última conferencia “El espíritu nuevo y los poetas”, en la que pretendió conciliar la invención y la tradición. Apollinaire que amó lo difícil, murió después de haber dado permiso para lo imposible. Y como dijo este gran poeta: “El amor se nos fuga como esta agua corriente”.
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Gracias
miércoles, 16 de enero de 2008
FORO LIBRE: HOMENAJE A ALFONSO GROSSO
FORO LIBREASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA
Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
“Intento, como otros hombres de mi generación,
testimoniar e inquietar.”
Alfonso Grosso.
HOMENAJE DE FORO LIBRE A ALFONSO GROSSO
El próximo lunes, día 21, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del novelista sevillano Alfonso Grosso (1928-1995), con motivo del 80º aniversario de su nacimiento.
La trayectoria de Alfonso Grosso se realiza dentro del realismo critico o del realismo social de la “generación del medio siglo”, aunque le separe de sus compañeros de promoción un mayor cuidado del estilo que ya apunta al barroquismo en, por ejemplo, Un cielo difícilmente azul. Grosso está considerado la columna vertebral de la denominada “nueva narrativa andaluza”.
En 1956 apareció su primer libro, Germinal, con el que obtuvo el Premio Sésamo de novela corta. Sus primeras obras son de corte testimonial, con un sentido de denuncia y en ellas critica diversos aspectos de la realidad nacional: La zanja (1961), el mundo del trabajador de la construcción enfrentado al industrial y al de los americanos de la base cercana a esa zanja que construye; Un cielo difícilmente azul (1961), el mundo de los camioneros que adquiere aires épicos; Testa de copo (1963), el de la pesca y El capirote (1966) el de los campesinos de Andalucía. Un giro importante, que marca una nueva época, significa Inés Just Coming (1968), sobre las circunstancias prerrevolucionarias en Cuba, giro que se acentúa en Guarnición de silla (1970, Premio de la Crítica) y Florido mayo (1973), ambas de tipo evocador y en las que la coincidencia de diversas historias permite la reconstrucción de la historia próxima de España desde el siglo XIX. Posteriormente, el novelista andaluz intentó el “best seller” y los premios prestigiosos, abandonando su rico lenguaje y sus escenarios habituales: La buena muerte (1976), Los invitados (1978; finalista del Premio Planeta), crónica-reportaje sobre el quíntuple crimen de Los Galindos, llevada posteriormente a la pantalla, El correo de Estambul (1980), Toque de queda (1981), Con flores a María (1981) y Otoño indio (1983). Entre sus últimas novelas se encuentran las dos primeras entregas de una tetralogía Giralda (1982) y Giralda 2 (1984), que, volviendo a sus raíces andaluzas, desarrollan la crónica de una familia aristocrática desde los años veinte.
No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.
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Alfonso Grosso.
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El próximo lunes, día 21, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del novelista sevillano Alfonso Grosso (1928-1995), con motivo del 80º aniversario de su nacimiento.
La trayectoria de Alfonso Grosso se realiza dentro del realismo critico o del realismo social de la “generación del medio siglo”, aunque le separe de sus compañeros de promoción un mayor cuidado del estilo que ya apunta al barroquismo en, por ejemplo, Un cielo difícilmente azul. Grosso está considerado la columna vertebral de la denominada “nueva narrativa andaluza”.
En 1956 apareció su primer libro, Germinal, con el que obtuvo el Premio Sésamo de novela corta. Sus primeras obras son de corte testimonial, con un sentido de denuncia y en ellas critica diversos aspectos de la realidad nacional: La zanja (1961), el mundo del trabajador de la construcción enfrentado al industrial y al de los americanos de la base cercana a esa zanja que construye; Un cielo difícilmente azul (1961), el mundo de los camioneros que adquiere aires épicos; Testa de copo (1963), el de la pesca y El capirote (1966) el de los campesinos de Andalucía. Un giro importante, que marca una nueva época, significa Inés Just Coming (1968), sobre las circunstancias prerrevolucionarias en Cuba, giro que se acentúa en Guarnición de silla (1970, Premio de la Crítica) y Florido mayo (1973), ambas de tipo evocador y en las que la coincidencia de diversas historias permite la reconstrucción de la historia próxima de España desde el siglo XIX. Posteriormente, el novelista andaluz intentó el “best seller” y los premios prestigiosos, abandonando su rico lenguaje y sus escenarios habituales: La buena muerte (1976), Los invitados (1978; finalista del Premio Planeta), crónica-reportaje sobre el quíntuple crimen de Los Galindos, llevada posteriormente a la pantalla, El correo de Estambul (1980), Toque de queda (1981), Con flores a María (1981) y Otoño indio (1983). Entre sus últimas novelas se encuentran las dos primeras entregas de una tetralogía Giralda (1982) y Giralda 2 (1984), que, volviendo a sus raíces andaluzas, desarrollan la crónica de una familia aristocrática desde los años veinte.
No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.
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Gracias.
LA MODA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
LA MODA
“Todos quieren repicar
y andar en la procesión.
Y todos farolear
cuando llega la ocasión.”
José Bergamín.
HAY GRUPOS DEDICADOS INTEGRAMENTE A LA INTRIGA
En España la moda tiene un papel excesivo. Y hay que agregar -y esto es esencial- que la moda hoy casi nunca es “desinteresada”, es decir, no es mera moda: lo económico está detrás de ella, sobre todo en arte, pero también en las demás formas de la cultura. Intereses de marchantes, editores, agentes literarios o artísticos, salas de espectáculos, etc., entran en juego con tan gran volumen y potencia económica, que alteran lo que podríamos llamar las “condiciones iniciales” de la competencia e influyen en la estimación y en la difusión.
Pero, a última hora, los intereses y su juego suelen ser públicos, pueden ser observados, se pueden hacer fácilmente ciertos descuentos, tienen que contar con la aceptación de los compradores o espectadores, y todo ello restablece -aunque sea precariamente- el equilibrio, o al menos muestra dónde está la raíz del desequilibrio.
Hay un fenómeno mucho más grave: la existencia de grupos -predominantemente políticos, aunque a veces con disfraz- dedicados íntegramente -full time- a la intriga. Cuando se está fuera de ella, no se imagina el rendimiento que esa actitud produce. La mayoría de los hombres tienen su vida privada y profesional: se enamoran, a veces se casan; tratan de encontrar un trabajo, a veces lo encuentran; se divierten cuando tienen un poco de tiempo libre y los salarios no están congelados; siguen, hasta donde su autenticidad y sus circunstancias se lo permiten, una vocación. Charlan con los amigos, discuten, leen, a veces piensan, llegan a tener opiniones sobre algunas cosas, y con más frecuencia dudas y perplejidades. Aunque tengan ambiciones o designios de cualquier tipo se entregan a estos temas de manera discontinua, ocasional y probablemente no muy eficaz. Sobre todo, cada uno lo hace por sí, sin conexiones sistemáticas, a lo sumo coincidencias fortuitas o simpatías y afinidades. Así se forja la traba de convivencia, cuyo resultado es esa realidad flexible, elástica, “inexacta”, en gran medida imprevisible, que llamamos una sociedad.
Imagínese, por el contrario, lo que significa la existencia de grandes -a veces enormes- organizaciones, compuestas de miles de individuos con fondos ilimitados, una coordinación estricta y un dedicación íntegra a un propósito coherente. ¿Por qué ejercen funciones directivas, en ciertas sociedades, personas oscuras, de méritos muy modestos o, en todo caso, desconocidos, repentinamente encumbradas, sin que exista una opinión pública que las respalde? ¿Por qué nos enteramos al mismo tiempo de que un hombre existe y de que nos va a dirigir en algún campo importante de la vida colectiva? ¿Por qué son de repente famosos -nacionalmente en unos casos, internacionalmente en otros, y no es indiferente- algunos escritores, algunos artistas cuyos méritos no son demasiado claros? Todavía más interesante, ¿por qué se hacen súbitamente famosos, a partir de un momento determinado, algunos que habían permanecido en la oscuridad muchos años, con una obra comparable a la que resulta después célebre?
Si se repasara con ojo atento y mirada abarcadora la historia de unos cuantos decenios, con buena memoria o datos a la vista, reparando en fechas y conexiones, en los momentos en que se lanzan al público “listas” de figuras ilustres, sorprendentemente homogéneas, en que “casualmente” ocupan puestos relevantes hombres de no mucho relieve pero de la misma filiación, se podría empezar a entender el funcionamiento de las sociedades contemporáneas.
Pero esta medalla tiene un reverso: la intriga no puede sustituir a la creación. Las figuras “inventadas”, “lanzadas” (o impuestas) no se sostienen por sí mismas. Abandonadas se hunden en el olvido, y antes en la indiferencia.
Yo diría que solo la creación prevalecerá. Una buena parte de las obras y personajes que llenan el escenario actual desaparecerán dentro de muy poco sin dejar huella, como ha ocurrido con una larga serie de promociones de los años pasados. Los beneficiarios de estos focos de popularidad, los que reciben la merced de tales “promociones”, a poco despiertos que sean conocen su destino. Algunos se apresuran a aprovechar las rentas y dividendos momentáneos, no pudiendo ocultar la amargura que le envuelve al saberse destinados a no quedar.
“No tengo prisa alguna -decía Ortega- porque se me dé la razón. La razón no es un tren que parte a hora fija. Prisa la tiene sólo el enfermo y el ambicioso”. El que es capaz de crear algo no tiene prisa; puede esperar, porque eso que ha hecho le interesa por sí mismo, porque le basta con haber visto una parcela de verdad, con haber aumentado un poco la belleza, con haber alumbrado un poco mejor un rincón del universo. Y como dijo el poeta: ¡Ay, que alegría me estás dando / ver que yo estoy tan contento / y que tú sigues enredando!”
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
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“Todos quieren repicar
y andar en la procesión.
Y todos farolear
cuando llega la ocasión.”
José Bergamín.
HAY GRUPOS DEDICADOS INTEGRAMENTE A LA INTRIGA
En España la moda tiene un papel excesivo. Y hay que agregar -y esto es esencial- que la moda hoy casi nunca es “desinteresada”, es decir, no es mera moda: lo económico está detrás de ella, sobre todo en arte, pero también en las demás formas de la cultura. Intereses de marchantes, editores, agentes literarios o artísticos, salas de espectáculos, etc., entran en juego con tan gran volumen y potencia económica, que alteran lo que podríamos llamar las “condiciones iniciales” de la competencia e influyen en la estimación y en la difusión.
Pero, a última hora, los intereses y su juego suelen ser públicos, pueden ser observados, se pueden hacer fácilmente ciertos descuentos, tienen que contar con la aceptación de los compradores o espectadores, y todo ello restablece -aunque sea precariamente- el equilibrio, o al menos muestra dónde está la raíz del desequilibrio.
Hay un fenómeno mucho más grave: la existencia de grupos -predominantemente políticos, aunque a veces con disfraz- dedicados íntegramente -full time- a la intriga. Cuando se está fuera de ella, no se imagina el rendimiento que esa actitud produce. La mayoría de los hombres tienen su vida privada y profesional: se enamoran, a veces se casan; tratan de encontrar un trabajo, a veces lo encuentran; se divierten cuando tienen un poco de tiempo libre y los salarios no están congelados; siguen, hasta donde su autenticidad y sus circunstancias se lo permiten, una vocación. Charlan con los amigos, discuten, leen, a veces piensan, llegan a tener opiniones sobre algunas cosas, y con más frecuencia dudas y perplejidades. Aunque tengan ambiciones o designios de cualquier tipo se entregan a estos temas de manera discontinua, ocasional y probablemente no muy eficaz. Sobre todo, cada uno lo hace por sí, sin conexiones sistemáticas, a lo sumo coincidencias fortuitas o simpatías y afinidades. Así se forja la traba de convivencia, cuyo resultado es esa realidad flexible, elástica, “inexacta”, en gran medida imprevisible, que llamamos una sociedad.
Imagínese, por el contrario, lo que significa la existencia de grandes -a veces enormes- organizaciones, compuestas de miles de individuos con fondos ilimitados, una coordinación estricta y un dedicación íntegra a un propósito coherente. ¿Por qué ejercen funciones directivas, en ciertas sociedades, personas oscuras, de méritos muy modestos o, en todo caso, desconocidos, repentinamente encumbradas, sin que exista una opinión pública que las respalde? ¿Por qué nos enteramos al mismo tiempo de que un hombre existe y de que nos va a dirigir en algún campo importante de la vida colectiva? ¿Por qué son de repente famosos -nacionalmente en unos casos, internacionalmente en otros, y no es indiferente- algunos escritores, algunos artistas cuyos méritos no son demasiado claros? Todavía más interesante, ¿por qué se hacen súbitamente famosos, a partir de un momento determinado, algunos que habían permanecido en la oscuridad muchos años, con una obra comparable a la que resulta después célebre?
Si se repasara con ojo atento y mirada abarcadora la historia de unos cuantos decenios, con buena memoria o datos a la vista, reparando en fechas y conexiones, en los momentos en que se lanzan al público “listas” de figuras ilustres, sorprendentemente homogéneas, en que “casualmente” ocupan puestos relevantes hombres de no mucho relieve pero de la misma filiación, se podría empezar a entender el funcionamiento de las sociedades contemporáneas.
Pero esta medalla tiene un reverso: la intriga no puede sustituir a la creación. Las figuras “inventadas”, “lanzadas” (o impuestas) no se sostienen por sí mismas. Abandonadas se hunden en el olvido, y antes en la indiferencia.
Yo diría que solo la creación prevalecerá. Una buena parte de las obras y personajes que llenan el escenario actual desaparecerán dentro de muy poco sin dejar huella, como ha ocurrido con una larga serie de promociones de los años pasados. Los beneficiarios de estos focos de popularidad, los que reciben la merced de tales “promociones”, a poco despiertos que sean conocen su destino. Algunos se apresuran a aprovechar las rentas y dividendos momentáneos, no pudiendo ocultar la amargura que le envuelve al saberse destinados a no quedar.
“No tengo prisa alguna -decía Ortega- porque se me dé la razón. La razón no es un tren que parte a hora fija. Prisa la tiene sólo el enfermo y el ambicioso”. El que es capaz de crear algo no tiene prisa; puede esperar, porque eso que ha hecho le interesa por sí mismo, porque le basta con haber visto una parcela de verdad, con haber aumentado un poco la belleza, con haber alumbrado un poco mejor un rincón del universo. Y como dijo el poeta: ¡Ay, que alegría me estás dando / ver que yo estoy tan contento / y que tú sigues enredando!”
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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martes, 15 de enero de 2008
BLAS PASCAL POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
BLAS PASCAL
(1623-1662)
“Los mejores libros son aquellos que quienes los leen,
creen que también ellos pudieran haberlos escritos.”
Blas Pascal.
LA VOZ LITERARIA DEL PENSAMIENTO
Pascal, de breve vida, unos cuarenta años, y portentosa precocidad de ingenio, es una de las glorias de la literatura francesa. Siendo por inclinación natural, desde su juventud, hombre de ciencia e inventor, escribió por necesidades de la polémica y para complacer a sus amigos, que se lo suplicaron, las llamadas Las provinciales (Lettres provinciales), que hicieron interesarse vivamente al público por las cuestiones de religión y de moral en ellas tratadas, que, a pesar de imprimirse clandestinamente, se agotaban en seguida, de cada carta, las ediciones eran de diez mil ejemplares. Hacíase en esas cartas una campaña, no exenta de peligros, ya a favor del jansenismo, ya contra la moral y la Compañía de Jesús, y aparecían bajo la máscara de un seudónimo, que, al fin, el público fue descubriendo. Tenían tantos de irónicas como de elocuentes. Por ello las admiraban Madame Sévigné y Boileau. Se atribuye igualmente a Bossuet la frase de que si no fuera autor de sus obras hubiera querido serlo de las Lettres provinciales o Petites lettres, otro nombre con que son designadas.
La segunda obra sumamente célebre de Pascal es la titulada Los pensamientos (Pensées), verdadera colección de notas y materiales que Pascal reunió en los últimos años de su vida para escribir un gran libro dedicado a la defensa de la religión cristiana. La muerte se lo impidió y sus herederos recogieron, algo al azar, aquellos fragmentos. En ellos fueron poniendo orden los eruditos, hasta tener una edición que consideraran digna de aquellos Pensamientos.
Aunque Pascal escribió otras obras, con las dos citadas le ha bastado para que no se le olvide en la historia de la literatura. Entre otras cosas fijó, dice un distinguido profesor francés, la lengua que hablaron Bossuet y Racine, y dio el modelo que había que seguir, tanto en el terreno de la más refinada burla, donde pudo aprender Molière, como en el de los más altos razonamientos. Francia le considera como a uno de sus grandes clásicos. El razonamiento le parece a Pascal insuficiente para explicar lo sobrenatural, apela a la intuición y a la voluntad de creer; el hombre, por si solo, no puede alcanzar la Verdad , pero aspira hacia el Infinito.
Blaise Pascal nace en Clermont-Ferrand, Puy-de-Dôme, el 19 de junio de 1623. A los tres años de edad, pierde a su madre, considerado un niño prodigio fue educado por su padre, que era matemático. Pascal destacó precozmente en las ciencias matemáticas; a los doce años encontró las 32 primeras proposiciones de la geometría de Euclides; a los dieciséis publicó un Ensayo sobre las secciones cónicas; a los diecinueve inventó una máquina aritmética (la primera máquina de calcular) para ayudar a su padre en las cuentas que, como intendente en Rouen, debía realizar, y a los veinticuatro verificó los descubrimientos de Torricelli. En 1654 incitado por un amigo interesado en problemas de apuestas, Pascal mantuvo correspondencia con Pierre de Fermat y le envió una primera aproximación al cálculo de probabilidades. Otras de las contribuciones científicas importantes de Pascal son la deducción del llamado “principio Pascal”, que establece que los líquidos transmiten presiones con la misma intensidad en todas las direcciones. En su vida y en su obra influyó mucho el jansenismo, doctrina religiosa que surgió con la publicación de Augustinus de Jansenio, obispo de Ypres, sobre la predestinación y el libre albedrío, y que se difundió por Francia en el siglo XVII. Su fervor le ayudó a sobrellevar una penosa enfermedad que le paralizaba de cintura para abajo y le producía fuertes dolores. Aunque entre 1651 y 1654 pareció inclinarse más por la vida mundana, volvió al misticismo y se retiró a Port-Royal-des-Champs, principal centro del jansenismo. En 1656 el jansenismo fue definitivamente condenado por el papa Inocencio X; algunos de sus seguidores se sometieron; otros, como Pascal, continuaron defendiéndolo con ardor, hasta que, en 1709, Port-Royal fue destruido y los últimos religiosos que lo habitaron dispersados. Pascal, pasó sus últimos años practicando el más absoluto ascetismo y soportando su enfermedad con increíble resignación hasta su muerte, acaecida en París, el 19 de agosto de 1662. Su apellido sigue siendo sinónimo de ciencia. En el presente le recordamos al hablar de presión, una de cuyas unidades lleva su apellido.
Como hemos dicho, sus dos obras principales son Las provinciales y Los pensamientos. La primera publicada entre enero de 1656 y marzo de 1657, consta de una serie de 18 cartas clandestinas, de autor anónimo, dirigidas a un Provincial por un amigo suyo, en las que Pascal defiende la doctrina jansenista. En las cartas I a X la forma es dialogada; de la XI a XVI se dirige a los jesuitas, principales enemigos de la doctrina jansenista, atacando su casuística; las cartas XVII y XVIII atacan directamente a un padre jesuita. Pascal utiliza la lógica y el razonamiento para convencer, pero peca de exceso de ardor y de parcialidad. Su otra gran obra, Los pensamientos, fue publicada por sus amigos de Port-Royal entre 1669 y 1670. Durante el siglo XVIII fue objeto de críticas hasta que fue rehabilitada por los románticos principalmente por Chateaubriand, y ha sido objeto de sucesivas ediciones desde 1842 hasta nuestros días. La obra que Pascal preparaba era una Apología de la Religión Cristiana, de la cual sólo escribió diversas anotaciones, de difícil clasificación, que fueron recopiladas tras su muerte. Y como dijo esta prestigiosa figura del pensamiento y de la literatura francesa: “El corazón tiene razones que la razón desconoce”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
La paz pide una oportunidad.Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
Gracias.
(1623-1662)
“Los mejores libros son aquellos que quienes los leen,
creen que también ellos pudieran haberlos escritos.”
Blas Pascal.
LA VOZ LITERARIA DEL PENSAMIENTO
Pascal, de breve vida, unos cuarenta años, y portentosa precocidad de ingenio, es una de las glorias de la literatura francesa. Siendo por inclinación natural, desde su juventud, hombre de ciencia e inventor, escribió por necesidades de la polémica y para complacer a sus amigos, que se lo suplicaron, las llamadas Las provinciales (Lettres provinciales), que hicieron interesarse vivamente al público por las cuestiones de religión y de moral en ellas tratadas, que, a pesar de imprimirse clandestinamente, se agotaban en seguida, de cada carta, las ediciones eran de diez mil ejemplares. Hacíase en esas cartas una campaña, no exenta de peligros, ya a favor del jansenismo, ya contra la moral y la Compañía de Jesús, y aparecían bajo la máscara de un seudónimo, que, al fin, el público fue descubriendo. Tenían tantos de irónicas como de elocuentes. Por ello las admiraban Madame Sévigné y Boileau. Se atribuye igualmente a Bossuet la frase de que si no fuera autor de sus obras hubiera querido serlo de las Lettres provinciales o Petites lettres, otro nombre con que son designadas.
La segunda obra sumamente célebre de Pascal es la titulada Los pensamientos (Pensées), verdadera colección de notas y materiales que Pascal reunió en los últimos años de su vida para escribir un gran libro dedicado a la defensa de la religión cristiana. La muerte se lo impidió y sus herederos recogieron, algo al azar, aquellos fragmentos. En ellos fueron poniendo orden los eruditos, hasta tener una edición que consideraran digna de aquellos Pensamientos.
Aunque Pascal escribió otras obras, con las dos citadas le ha bastado para que no se le olvide en la historia de la literatura. Entre otras cosas fijó, dice un distinguido profesor francés, la lengua que hablaron Bossuet y Racine, y dio el modelo que había que seguir, tanto en el terreno de la más refinada burla, donde pudo aprender Molière, como en el de los más altos razonamientos. Francia le considera como a uno de sus grandes clásicos. El razonamiento le parece a Pascal insuficiente para explicar lo sobrenatural, apela a la intuición y a la voluntad de creer; el hombre, por si solo, no puede alcanzar la Verdad , pero aspira hacia el Infinito.
Blaise Pascal nace en Clermont-Ferrand, Puy-de-Dôme, el 19 de junio de 1623. A los tres años de edad, pierde a su madre, considerado un niño prodigio fue educado por su padre, que era matemático. Pascal destacó precozmente en las ciencias matemáticas; a los doce años encontró las 32 primeras proposiciones de la geometría de Euclides; a los dieciséis publicó un Ensayo sobre las secciones cónicas; a los diecinueve inventó una máquina aritmética (la primera máquina de calcular) para ayudar a su padre en las cuentas que, como intendente en Rouen, debía realizar, y a los veinticuatro verificó los descubrimientos de Torricelli. En 1654 incitado por un amigo interesado en problemas de apuestas, Pascal mantuvo correspondencia con Pierre de Fermat y le envió una primera aproximación al cálculo de probabilidades. Otras de las contribuciones científicas importantes de Pascal son la deducción del llamado “principio Pascal”, que establece que los líquidos transmiten presiones con la misma intensidad en todas las direcciones. En su vida y en su obra influyó mucho el jansenismo, doctrina religiosa que surgió con la publicación de Augustinus de Jansenio, obispo de Ypres, sobre la predestinación y el libre albedrío, y que se difundió por Francia en el siglo XVII. Su fervor le ayudó a sobrellevar una penosa enfermedad que le paralizaba de cintura para abajo y le producía fuertes dolores. Aunque entre 1651 y 1654 pareció inclinarse más por la vida mundana, volvió al misticismo y se retiró a Port-Royal-des-Champs, principal centro del jansenismo. En 1656 el jansenismo fue definitivamente condenado por el papa Inocencio X; algunos de sus seguidores se sometieron; otros, como Pascal, continuaron defendiéndolo con ardor, hasta que, en 1709, Port-Royal fue destruido y los últimos religiosos que lo habitaron dispersados. Pascal, pasó sus últimos años practicando el más absoluto ascetismo y soportando su enfermedad con increíble resignación hasta su muerte, acaecida en París, el 19 de agosto de 1662. Su apellido sigue siendo sinónimo de ciencia. En el presente le recordamos al hablar de presión, una de cuyas unidades lleva su apellido.
Como hemos dicho, sus dos obras principales son Las provinciales y Los pensamientos. La primera publicada entre enero de 1656 y marzo de 1657, consta de una serie de 18 cartas clandestinas, de autor anónimo, dirigidas a un Provincial por un amigo suyo, en las que Pascal defiende la doctrina jansenista. En las cartas I a X la forma es dialogada; de la XI a XVI se dirige a los jesuitas, principales enemigos de la doctrina jansenista, atacando su casuística; las cartas XVII y XVIII atacan directamente a un padre jesuita. Pascal utiliza la lógica y el razonamiento para convencer, pero peca de exceso de ardor y de parcialidad. Su otra gran obra, Los pensamientos, fue publicada por sus amigos de Port-Royal entre 1669 y 1670. Durante el siglo XVIII fue objeto de críticas hasta que fue rehabilitada por los románticos principalmente por Chateaubriand, y ha sido objeto de sucesivas ediciones desde 1842 hasta nuestros días. La obra que Pascal preparaba era una Apología de la Religión Cristiana, de la cual sólo escribió diversas anotaciones, de difícil clasificación, que fueron recopiladas tras su muerte. Y como dijo esta prestigiosa figura del pensamiento y de la literatura francesa: “El corazón tiene razones que la razón desconoce”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
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Gracias.
lunes, 14 de enero de 2008
VELAR POR LA LIBERTAD POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
VELAR POR LA LIBERTAD
“¡Yo soy la Libertad, herida por los hombres!
¡Amor, amor, amor, y eternas soledades!”
Federico García Lorca. Mariana Pineda.
LA LIBERTAD SIEMPRE ESTA EN JUEGO
El gran error de los liberales del siglo XIX fue creer que la libertad, una vez conquistada, está asegurada. El error no fue meramente un error político; tenía sus raíces en una convicción radicalmente falsa de la condición humana. La noble idea del progreso, que había sido eso, una idea, como tal cuestionable y problemática, se había convertido, desde finales del siglo XVIII en algo bien distinto y en cierta medida opuesto: en una creencia social, en la cual se estaba, como si fuera la realidad incuestionable. El progresismo fue la mecanización de la fecunda idea del progreso y por ello un gran adormecedor del espíritu alerta, del afán de innovación y libertad.
Que el hombre puede marchar hacia delante, que puede mejorar su situación y hasta su condición, es muy cierto. Pero el reverso de la medalla es que también puede estancarse, retroceder, perder lo que había tenido, malograr lo que había conseguido, caer en formas de vida que parecían superados, que efectivamente se habían superados.
La vida humana es insegura y el hombre está siempre expuesto a caer por debajo de sí mismo, a deshumanizarse. Lo propiamente humano no está nunca “dado”, hay que hacerlo y mantenerlo.
Las formas más eficaces y plenas de opresión corresponden a nuestro siglo XX. Algunas de ellas han pasado, sin embargo, nos preocupa que muchos crean que han pasado definitivamente y sin posibilidad de rebrotar.
La falta de vigilancia, la dejación de la celosa defensa de la libertad hizo que en la primera mitad del siglo XX irrumpieran en Europa, y en otros continentes, las formas de opresión más duras, amplias y tenaces que se han conocido.
En cambio, las diversas tiranías del siglo XX no renuncian a la palabra “democracia”. Democracia “orgánica” se ha llamado entre nosotros a su supresión. ¿Por qué estos usos lingüísticos, por qué el diverso destino de la palabra “democracia”? Cuando la democracia está adulterada, pierde su virtud, se convierte en un mero instrumento de dominio, puede degenerar en una forma de opresión, que se diferencia de las otras en que puede tener origen legal. En esto reside su mayor peligro, porque es posible que la supresión de la libertad se deslice desde dentro, partiendo de ella y aprovechándola. En nombre de una eficacia que suele brillar por su ausencia, se llega al ejercicio autoritario de muchas funciones, que cada vez pierden más su carácter profesional, se fundan menos en la competencia y el prestigio, y se van convirtiendo en rodajas del aparato del poder.
Esto ocurre, en mayor o menor medida, en gran parte del mundo llamado “libre”, porque se rige por principios que invocan la libertad y tienen mecanismos que la aseguran si son usados. Sería aleccionador echar una ojeada en unos y otros países, a lo largo de un lapso de tiempo, digamos un decenio. Se vería si se está en cuarto creciente o en cuarto menguante. Y en este caso sería urgente averiguar cómo se ha producido el descenso.
La libertad siempre está en juego, porque refleja la condición de inseguridad de la vida humana, porque es la forma verdaderamente humana de la vida. Hay que velar por la libertad, descubrir sus riesgos; y, sobre todo, estimularla, ejercerla sin descanso ni desmayo, en todos los campos, todos los días.
“Nunca he creído -decía Rousseau- que la libertad del hombre consista en poder hacer lo que se quiere, sino en no tener que hacer lo que no se quiere”. A esta libertad la fueron a enterrar un día, como a la popular Petenera. Por eso, la letra más exacta y conmovedora que recuerdo con este ritmo, a este compás, es aquella que dice: “La libertad se ha muerto / la llevan a enterrar / los frailes van cantando / ¡Viva la libertad!”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Paz y libertad.
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Gracias.
“¡Yo soy la Libertad, herida por los hombres!
¡Amor, amor, amor, y eternas soledades!”
Federico García Lorca. Mariana Pineda.
LA LIBERTAD SIEMPRE ESTA EN JUEGO
El gran error de los liberales del siglo XIX fue creer que la libertad, una vez conquistada, está asegurada. El error no fue meramente un error político; tenía sus raíces en una convicción radicalmente falsa de la condición humana. La noble idea del progreso, que había sido eso, una idea, como tal cuestionable y problemática, se había convertido, desde finales del siglo XVIII en algo bien distinto y en cierta medida opuesto: en una creencia social, en la cual se estaba, como si fuera la realidad incuestionable. El progresismo fue la mecanización de la fecunda idea del progreso y por ello un gran adormecedor del espíritu alerta, del afán de innovación y libertad.
Que el hombre puede marchar hacia delante, que puede mejorar su situación y hasta su condición, es muy cierto. Pero el reverso de la medalla es que también puede estancarse, retroceder, perder lo que había tenido, malograr lo que había conseguido, caer en formas de vida que parecían superados, que efectivamente se habían superados.
La vida humana es insegura y el hombre está siempre expuesto a caer por debajo de sí mismo, a deshumanizarse. Lo propiamente humano no está nunca “dado”, hay que hacerlo y mantenerlo.
Las formas más eficaces y plenas de opresión corresponden a nuestro siglo XX. Algunas de ellas han pasado, sin embargo, nos preocupa que muchos crean que han pasado definitivamente y sin posibilidad de rebrotar.
La falta de vigilancia, la dejación de la celosa defensa de la libertad hizo que en la primera mitad del siglo XX irrumpieran en Europa, y en otros continentes, las formas de opresión más duras, amplias y tenaces que se han conocido.
En cambio, las diversas tiranías del siglo XX no renuncian a la palabra “democracia”. Democracia “orgánica” se ha llamado entre nosotros a su supresión. ¿Por qué estos usos lingüísticos, por qué el diverso destino de la palabra “democracia”? Cuando la democracia está adulterada, pierde su virtud, se convierte en un mero instrumento de dominio, puede degenerar en una forma de opresión, que se diferencia de las otras en que puede tener origen legal. En esto reside su mayor peligro, porque es posible que la supresión de la libertad se deslice desde dentro, partiendo de ella y aprovechándola. En nombre de una eficacia que suele brillar por su ausencia, se llega al ejercicio autoritario de muchas funciones, que cada vez pierden más su carácter profesional, se fundan menos en la competencia y el prestigio, y se van convirtiendo en rodajas del aparato del poder.
Esto ocurre, en mayor o menor medida, en gran parte del mundo llamado “libre”, porque se rige por principios que invocan la libertad y tienen mecanismos que la aseguran si son usados. Sería aleccionador echar una ojeada en unos y otros países, a lo largo de un lapso de tiempo, digamos un decenio. Se vería si se está en cuarto creciente o en cuarto menguante. Y en este caso sería urgente averiguar cómo se ha producido el descenso.
La libertad siempre está en juego, porque refleja la condición de inseguridad de la vida humana, porque es la forma verdaderamente humana de la vida. Hay que velar por la libertad, descubrir sus riesgos; y, sobre todo, estimularla, ejercerla sin descanso ni desmayo, en todos los campos, todos los días.
“Nunca he creído -decía Rousseau- que la libertad del hombre consista en poder hacer lo que se quiere, sino en no tener que hacer lo que no se quiere”. A esta libertad la fueron a enterrar un día, como a la popular Petenera. Por eso, la letra más exacta y conmovedora que recuerdo con este ritmo, a este compás, es aquella que dice: “La libertad se ha muerto / la llevan a enterrar / los frailes van cantando / ¡Viva la libertad!”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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Paz y libertad.
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domingo, 13 de enero de 2008
LUISA DE CARVAJAL Y MENDOZA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
LUISA DE CARVAJAL Y MENDOZA
(1566-1614).
“Dígalo amor, a quien diere
el alma por escucharle
que fuerza será dejarle
vida y alma, si le oyere.”
Luisa de Carvajal.
LA VOZ DE UNA PROPAGANDISTA DE LA FE
El temperamento de Luisa de Carvajal es una prueba magnífica de la energía, de la voluntad y valor de carácter español de la época. Con frecuencia, este impulso, seguido hasta sus límites más extremos, era la válvula de escape de la pasión. Si bien, “en poesía religiosa, y en su siglo nadie, la sobrepasa en castellano”. Devorada por un amor insaciable, y por la sed de sufrir por su amor, todas sus composiciones traslucen ese estado de pasión aguda, tan difícilmente sostenido por la generación de los poetas. “Ninfas del paraíso soberanas, / sabed que estoy enferma y muy herida / de unos abrasadísimos amores”, canta Luisa de Carvajal en un arrebatado soneto, para describir los “Coloquios del alma con Dios”, recurriendo a una de las más hermosas imitaciones del “Cantar de los cantares” que haya producido literatura alguna.
Luisa de Carvajal y Mendoza nació en Jaraicejo, provincia de Cáceres, el 2 de enero de 1566. Fueron sus padres Francisco de Carvajal y Vargas y María de Mendoza y Pacheco. Al quedar huérfana a los seis años quedó al amparo de su tía María Chacón, madre del arzobispo de Toledo Bernardo de Sandoval. Como su tía era aya del príncipe don Diego y camarera de las infantas, vivieron en las casas de la princesa doña Juana, junto a las Descalzas Reales. Después se trasladó a Monteagudo con las hijas del Marqués de Almazán, tío suyo, y más tarde a la villa de Almazán. Luisa de Carvajal a la hora de definir su camino no se determina, ni a casarse para vivir conforme a su rango, ni a entregarse por siempre a la quietud de una reclusión perpetua en un monasterio. Hizo voto de castidad, y renunció a cuantos bienes dispensa la fortuna, hasta que a los veintidós años, al conocer los martirios sufridos en Inglaterra por el jesuita P. Edmundo Campiano, prometió solemnemente a Dios “buscar todas aquellas ocasiones de martirio que no fueran repugnantes a la ley de Dios” y, siempre que de ello hallase oportunidad, “hacer rostro a todo género de muerte, tormentos y rigurosidad, sin volver las espaldas en ningún modo, ni rehusarlo por ninguna vía”.
Después de donar cuanto poseía para la fundación de un noviciado de misioneros en Lovaina, partió resueltamente para Inglaterra el 27 de enero de 1605, en busca de una suerte igual a la del P. Campiano. No llegó a sufrir tormentos físicos, pero sí dos veces prisión, a pesar de la protección de los embajadores de España, e incesantes persecuciones de los protestantes, que la tenían por un “papista disfrazado”. Era la época álgida de las luchas religiosas. Los católicos se veían en Inglaterra perseguidos como los herejes en España. Luisa de Carvajal, anhelante del martirio que había de aproximarla a su Dios, prodigaba las manifestaciones de sus creencias, sin atender a las cariñosas reconvenciones de los embajadores de España, Pedro Zúñiga primero, del Conde de Gondomar después,: “¡Quien la tuviera, Rey mío, / en sus sienes apretada!”, exclamará, al pensar en la corona de espina.
Predicando religión por donde pasaba, destruyendo en plena calle las pinturas e inscripciones que ofendían su fe, y confortando con su asistencia a los católicos procesados, expiró, aniquilada por las pruebas y fatigas que se había impuesto, a los nueve años de su llegada a Inglaterra el 2 de enero de 1614, rodeada de una especie de comunidad libre, que había logrado fundar con unas cuantas mujeres piadosas. Sus restos fueron trasladado al convento de la Encarnación de Madrid.
Su obra se reduce a un Epistolario bastante extenso, dirigido a ilustres personalidades de la época, unos Escritos autobiográficos y a una colección de poemas. Su obra es eminentemente religiosa y su misticismo sigue la corriente de San Juan de la Cruz , Santa Teresa y Fray Luis de León.
Luisa de Carvajal es la más ilustre de las escritoras religiosas de su época, y no pocos la consideran como uno de nuestros mejores poetas del siglo XVII. A uno de sus más famosos sonetos pertenece este terceto: “Fragua, que en vivo, fuego me convierte, / de los soplos de amor tan avivada, / que aviva mi dolor hasta la muerte”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Por la convivencia frente a la crispación.
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Gracias.
(1566-1614).
“Dígalo amor, a quien diere
el alma por escucharle
que fuerza será dejarle
vida y alma, si le oyere.”
Luisa de Carvajal.
LA VOZ DE UNA PROPAGANDISTA DE LA FE
El temperamento de Luisa de Carvajal es una prueba magnífica de la energía, de la voluntad y valor de carácter español de la época. Con frecuencia, este impulso, seguido hasta sus límites más extremos, era la válvula de escape de la pasión. Si bien, “en poesía religiosa, y en su siglo nadie, la sobrepasa en castellano”. Devorada por un amor insaciable, y por la sed de sufrir por su amor, todas sus composiciones traslucen ese estado de pasión aguda, tan difícilmente sostenido por la generación de los poetas. “Ninfas del paraíso soberanas, / sabed que estoy enferma y muy herida / de unos abrasadísimos amores”, canta Luisa de Carvajal en un arrebatado soneto, para describir los “Coloquios del alma con Dios”, recurriendo a una de las más hermosas imitaciones del “Cantar de los cantares” que haya producido literatura alguna.
Luisa de Carvajal y Mendoza nació en Jaraicejo, provincia de Cáceres, el 2 de enero de 1566. Fueron sus padres Francisco de Carvajal y Vargas y María de Mendoza y Pacheco. Al quedar huérfana a los seis años quedó al amparo de su tía María Chacón, madre del arzobispo de Toledo Bernardo de Sandoval. Como su tía era aya del príncipe don Diego y camarera de las infantas, vivieron en las casas de la princesa doña Juana, junto a las Descalzas Reales. Después se trasladó a Monteagudo con las hijas del Marqués de Almazán, tío suyo, y más tarde a la villa de Almazán. Luisa de Carvajal a la hora de definir su camino no se determina, ni a casarse para vivir conforme a su rango, ni a entregarse por siempre a la quietud de una reclusión perpetua en un monasterio. Hizo voto de castidad, y renunció a cuantos bienes dispensa la fortuna, hasta que a los veintidós años, al conocer los martirios sufridos en Inglaterra por el jesuita P. Edmundo Campiano, prometió solemnemente a Dios “buscar todas aquellas ocasiones de martirio que no fueran repugnantes a la ley de Dios” y, siempre que de ello hallase oportunidad, “hacer rostro a todo género de muerte, tormentos y rigurosidad, sin volver las espaldas en ningún modo, ni rehusarlo por ninguna vía”.
Después de donar cuanto poseía para la fundación de un noviciado de misioneros en Lovaina, partió resueltamente para Inglaterra el 27 de enero de 1605, en busca de una suerte igual a la del P. Campiano. No llegó a sufrir tormentos físicos, pero sí dos veces prisión, a pesar de la protección de los embajadores de España, e incesantes persecuciones de los protestantes, que la tenían por un “papista disfrazado”. Era la época álgida de las luchas religiosas. Los católicos se veían en Inglaterra perseguidos como los herejes en España. Luisa de Carvajal, anhelante del martirio que había de aproximarla a su Dios, prodigaba las manifestaciones de sus creencias, sin atender a las cariñosas reconvenciones de los embajadores de España, Pedro Zúñiga primero, del Conde de Gondomar después,: “¡Quien la tuviera, Rey mío, / en sus sienes apretada!”, exclamará, al pensar en la corona de espina.
Predicando religión por donde pasaba, destruyendo en plena calle las pinturas e inscripciones que ofendían su fe, y confortando con su asistencia a los católicos procesados, expiró, aniquilada por las pruebas y fatigas que se había impuesto, a los nueve años de su llegada a Inglaterra el 2 de enero de 1614, rodeada de una especie de comunidad libre, que había logrado fundar con unas cuantas mujeres piadosas. Sus restos fueron trasladado al convento de la Encarnación de Madrid.
Su obra se reduce a un Epistolario bastante extenso, dirigido a ilustres personalidades de la época, unos Escritos autobiográficos y a una colección de poemas. Su obra es eminentemente religiosa y su misticismo sigue la corriente de San Juan de la Cruz , Santa Teresa y Fray Luis de León.
Luisa de Carvajal es la más ilustre de las escritoras religiosas de su época, y no pocos la consideran como uno de nuestros mejores poetas del siglo XVII. A uno de sus más famosos sonetos pertenece este terceto: “Fragua, que en vivo, fuego me convierte, / de los soplos de amor tan avivada, / que aviva mi dolor hasta la muerte”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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Por la convivencia frente a la crispación.
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